El huésped no tiene la culpa

El huésped no tiene la culpaLa dura contestación a mi artículo Mal servicio con nocturnidad y alevosía, escrito el pasado 17 de junio pero resucitado sospechosamente dos meses después, debe conducirnos a una nueva reflexión sobre el trabajo de recepcionista de hotel. No entro a valorar los numerosos exabruptos recibidos —y no publicados—, ni siquiera a criticar la dislexia contestataria de quienes se esfuerzan en la sátira de frases y ejemplos contrarios a los expuestos en el artículo. Se comprende que la ofuscación de su lectura les ha llevado a interpretar el texto en las antípodas de cómo está escrito.

Así, la befa en torno a la factibilidad de que un familiar o amigo del recepcionista acudiera en su ayuda para resolver el problema de la huésped fue iniciada sin advertir que el párrafo siguiente invalidaba tal posibilidad mediante su inicio:

Sin embargo, la solución más adecuada a este problema obliga a la previsión de todos los problemas que pudieran ocurrir en un hotel y haber almacenado, en el botiquín pertinente, aunque no preceptivo, las compresas solicitadas por ser algo de interés general y de uso bastante habitual entre los clientes de sexo distinto al del recepcionista o el encargado del almacén.

La ocurrencia a la hora de sugerirlo por mi parte no fue una banalidad, pues sucedió ante mis ojos una vez en un hotel asiático en que el recepcionista recurrió a un familiar suyo Sigue leyendo

La alegría incomprendida de mis fracasos

matrazInnovar es difícil, se oyó decir en las pasadas Jornadas de Innovación Hotelera Lisboa 2012. Durante las sesiones de taller creativo, que en esta ocasión estaba dedicado al diseño de liturgias en el hotel, la conclusión aplastante de uno de los grupos de trabajo fue que las ideas no caían del cielo y costaba un potosí hacerlas volar. Innovar es difícil porque se requiere práctica para ello. Aprendizaje y mucha práctica, como el desarrollo mismo de la creatividad.

Uno nunca sabe en qué posición sentarse o estar de pie para crear algo. Puede parecer estúpido, pero la ausencia del fluido inspirador le hace a uno moverse más de lo necesario. Se requiere contención, concentración, humildad. A veces, el proceso de creación es piramidal. Colocamos primero la base de nuestro conocimiento. E investigamos. Con lo aprendido, llenamos el siguiente piso de la pirámide. Y luego el otro. Y el otro. Finalmente alcanzamos la cumbre, el resultado. Todo lo que hay debajo es conocimiento acumulado, reflexión, cooperación, estructura y, por qué no, genialidad. Lo que culmina la pirámide es la creación misma. Y, más arriba, el cielo protector, la nebulosa estelar, algo nuevo por conquistar. Pues la creatividad no termina nunca.

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