El año de Klout

Twitter, Facebook, LinkedIn, WordPress, Flickr, Instagram… Las redes sociales ya están aquí. Viven entre nosotros. Somos nosotros. Nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros cónyuges, nuestros amigos, nuestros socios, nuestros vecinos. Incluso son la gente que no conocemos pero que, en algún grado mayor o menor de seis, se encuentra muy cerca de nosotros. Las redes sociales son el mundo que nos toca hoy vivir.

La incertidumbre que ahora se abre no es saber cuánto nos van a afectar las redes sociales o si condicionan de algún modo nuestras vidas, sino cómo encontrar en ellas las referencias útiles para confiar, confesar, comprar, vender o discutir. Quién es de fiar en este nuevo ecosistema. Quién es quién y no un otro. Quién es nuestro prójimo y quién nuestro lejano. Tal es la inquietud con la que abordamos hoy esa pérdida de intimidad a que nos abocan las redes sociales. Como cuando salimos a la calle… ¿Cómo reconocer al desconocido confiable y al asesino o ladrón?

Para ayudarnos en la tarea ha nacido Klout, un sitio de análisis que extrae cuanto circula por Internet de las personas -quiénes son, cómo interactúan, qué crean o distribuyen- y revierte esos datos en una puntuación con la que se mide hoy la fortaleza de su influencia en línea. Quizá la metodología empleada esté aún por depurar, y de ello nos informan los frecuentes cambios paramétricos que el propio sitio insiste en destacar. Pero conforme avanza la tecnología de filtración de datos, Klout se convierte en el referente útil y casi necesario para conocer el poder de influencia de los usuarios en la red. Ya sabemos, por ejemplo, que se han formulado ofertas de trabajo, invitaciones a seminarios de expertos, compraventa de productos y hasta bonificaciones a Sigue leyendo

No doy crédito (como mi banco…)

Hace justo una hora –qué importa eso en Internet– he recibido un correo de mi amigo y colega César Justel, con quien he viajado largos años, en el que me presentaba como primicia y no sin esperanza su primera web. Una página ideada para vender sus fotografías a un público interesado por las fiestas populares, después de años y años recorriéndolas todas por las cuatro esquinas de la península Ibérica y aún más allá del paralelo 36. La web, que no tiene desperdicio, me traslada a otros tiempos, cuando la exploración de los pueblos más diminutos de la geografía nacional se nos volvía a ambos una tarea apasionante y, a veces, dificultosa por un asfalto podre y descascarillado.

flechaDerecha Es una web impecable, precisa, certera, informativa, bien ordenada, diáfana, explícita. Sin adornos innecesarios, sin alharacas de diseño, pura como el arrebato atrabiliario que envuelve a toda fiesta de pueblo. Y muy moderna: www.cesarjustel.es

Muy moderna para el año 1990, por supuesto. Me pedía la opinión en ese correo y no pude por menos que advertirle de la caspa que me inspiraba su charcutería digital. Adónde demonios cree que va con semejante longaniza… “Hey, despabila, que ya han pasado 20 años y hasta los Pegamoides de Alaska pelan canas”, farfullé mientras escuchaba Cómo pudiste hacerme esto a mí. Bien andamos si queremos vender imágenes escondiéndolas al respetable, salvo que sean unos robados de Lady Gagá desnuda en la playa de Santa Mónica.

¿Cuántas webs de hoteles no pecan de tanta ingenuidad como mi amigo periodista, el que más sabe de fiestas en España? ¿Cuántos establecimientos de mayor o menor principalidad escamotean a los ojos escrutadores de los internautas ese destello de glamour, romanticismo, pecaminosidad habitacional o, simplemente, su genética arquitectónica? Da que pensar lo que

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