Madrid de chiste

madridLa carga más pesada de un cargo público es el trabajo. Aunque parezca de perogrullo, lo más tortuoso de su función es tener que funcionar. Y, además, exhibir su trabajo ante los demás, especialmente en periodo electoral. Porque una autoridad política, una vez celebrado su nombramiento, debe enfrentarse al escrutinio público con la misma exigencia que la de un escritor cuando se pone delante de un papel en blanco o de la pantalla (blanca) de su ordenador personal. Lo perverso de este trance es la obligación de producir resultados, que desde la óptica administrativa consiste más que nada en generar, modificar o reeditar un cuerpo normativo. Reglamentar, normalizar, regular las actividades de los ciudadanos.

A veces, el capítulo se extiende hasta los límites casi siderales de una novela. La fiebre reglamentista conduce inexorablemente a la regulatitis o manía por regularlo todo, aunque no haga falta. Esta enfermedad no tiene color político. Ataca a todos por igual. Y Sigue leyendo