Airbnb, una cuestión de precio

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Dice el refrán que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y, por lo visto, la profesión hotelera está llena de ciegos peores que los ciegos, pues muchos de sus portavoces se muestran empeñados en cerrar los ojos ante la realidad ascendente de la economía colaborativa del turismo. La crítica del alquiler vacacional de viviendas privadas se ha llenado de tópicos que, en algunos casos, llegan al paroxismo. Como afirmar que un apartamento turístico anunciado en una plataforma tecnológica puede ser la guarida preferida de los terroristas y nunca un hotel. O que la economía colaborativa es economía sumergida porque la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) exime a los alquileres de estar sujeto a IVA. Incluso que la única razón del despegue de este tipo de alojamientos se debe a su bajo precio y significan, por ello, una competencia desleal para los hoteles.

Lo cierto es que estos estrambotes se descalifican por sí mismos. Olvidémonos del conocimiento exacto que últimamente los yihadistas tienen de los establecimientos hoteleros en que atentan. Dejemos que la LAU siga declarando el alquiler de viviendas una actividad exenta del impuesto sobre el valor añadido (IVA). Y hablemos de precios frente a quienes creen religiosamente que el turismo de Airbnb es alpargatero y no existe ningún hotel en la playa de Magaluf, por lo que el turismo libidinoso solo puede darse en viviendas particulares.

Contra lo que estos epígonos del turismo reaccionario sostienen en público, el instituto de análisis STR acaba de publicar un estudio en el que se demuestra que, al menos en los Estados Unidos, las viviendas de Airbnb no siempre constituyen la opción de menor precio para aquellos que buscan un alojamiento temporal.

ADR

Como puede verse en el gráfico superior, el precio medio (ADR, average daily rate) de una vivienda anunciada en Airbnb durante 2015 ha sido de 148,42 dólares. Esto representa un 25% más que el ADR de un hotel (119,11 dólares) durante el mismo período. De hecho, solo las viviendas unifamiliares con jardín superan en precio a las viviendas por lo general urbanas de Airbnb. Ello debido a las instalaciones, más que a los servicios, ofrecidos por la plataforma en sus viviendas tipo: 90% de ellas con cocina, 68% con lavadora, 67% con aparcamiento gratuito y apenas un 12% con desayuno.

Según la patronal hotelera American Hotel & Lodging Association, solo el 60% de los hoteles ofrece microondas, aunque el 82% sí que incluye un desayuno gratuito. El 72% ofrece aparcamiento gratuito, apenas un 5% más que el 67% de las propiedades de Airbnb. Sin embargo, el factor competitivo más relevante de Airbnb frente al hotel convencional es la flexibilidad de alojamiento, pues el 34% de las viviendas de Airbnb posee dos o más dormitorios y las tarifas de las unidades con dos o más habitaciones se ofrecen con una prima estimable con respecto a las unidades de una sola habitación.

Tienen razón quienes afirman que los usuarios de las viviendas turísticas reservan en las plataformas de economía colaborativa por una cuestión de precio. No precisamente por su bajo precio, sino por su justo precio. Son viajeros que tal vez no necesitan muchos de los servicios o instalaciones ofrecidos por el hotel y, consecuentemente, no están dispuestos a pagar por ellos. No desean un conserje, ni un recepcionista, ni portero de noche. No utilizan el gimnasio, ni la piscina, ni el business center. Les sobra la salita de televisión y el comedor gastronómico. Para qué sufragar entonces todos estos gastos de sus bolsillos.

El precio es la condición sine qua non de una nueva generación de ciudadanos que viajan, no con el bolsillo apretado, ni con el bolsillo suelto, sino con la pantalla del móvil triangulando datos y opiniones para pagar el valor justo de las cosas que van a consumir. Ni más, ni menos.

Los ayatolas de la industria hotelera deberían abrir los ojos a la nueva realidad del turismo y tomar en consideración lo que hoy demanda el cliente. Precio, el más conveniente a cada momento y para cada circunstancia.

Fernando Gallardo |

 

2 comentarios en “Airbnb, una cuestión de precio

  1. La realidad es que los hábitos de consumo del mercado están cambiando. La legislación no tiene la agilidad y flexibilidad para evolucionar con las demandas de la ciudadanía. La industria hotelera tiene herramientas para adaptarse a esta demanda dentro de su infraestructura. Sin embargo es mucho más cómodo obligar al consumidor adaptarse a la oferta del mercado que el mercado adaptarse a la demanda de consumo del ciudadano.

    En fin, al final como siempre el hábito de consumo se impondrá por mucho que la legislación vaya lenta y que el sector no se adapte. Hay renovarse.

    La cuestión que el hotelero se tiene que plantear: ¿qué tengo que hacer para seguir en el mercado y para adaptarme a los nuevos hábitos de consumo? ¿Qué tengo que hacer para ofrecer un elemento diferenciador y potenciar mis puntos positivos para que el mercado me siga eligiendo mi establecimiento para alojarse?

    Dirijo un hotel familiar pequeño, rodeado de alquiler de apartamentos, hoteles más grandes. A día de hoy mantengo la cuota de mercado más alta de mi microentorno competitivo. Para mí la competencia no es una amenaza, sino un incentivo y me sirven de referente para analizar la evolución del mercado. El problema no es lo que pasa fuera de mi hotel, el problema es la gestión interna de mi hotel. Este pasado, presente y futuro se tiene que adaptar a la corriente evolutiva de los cambios en los hábitos de consumo. Hoy no es ayer y mañana no sera hoy.

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