Madrid de chiste

madridLa carga más pesada de un cargo público es el trabajo. Aunque parezca de perogrullo, lo más tortuoso de su función es tener que funcionar. Y, además, exhibir su trabajo ante los demás, especialmente en periodo electoral. Porque una autoridad política, una vez celebrado su nombramiento, debe enfrentarse al escrutinio público con la misma exigencia que la de un escritor cuando se pone delante de un papel en blanco o de la pantalla (blanca) de su ordenador personal. Lo perverso de este trance es la obligación de producir resultados, que desde la óptica administrativa consiste más que nada en generar, modificar o reeditar un cuerpo normativo. Reglamentar, normalizar, regular las actividades de los ciudadanos.

A veces, el capítulo se extiende hasta los límites casi siderales de una novela. La fiebre reglamentista conduce inexorablemente a la regulatitis o manía por regularlo todo, aunque no haga falta. Esta enfermedad no tiene color político. Ataca a todos por igual. Y afecta a todos los estamentos sociales, a todos los sectores económicos, a todas las categorías éticas y morales. Que no es sino una señal vivificante del humanismo que comporta el ejercicio de la cosa pública, con sus aciertos y sus errores, sus grandezas y vilezas, su maquiavelismo y a veces también sus meteduras de pata.

A esta última manifestación humana, imposible en un secador de pelo o una lavadora automática, cabe referir el decreto aprobado por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid el pasado 11 de julio de 2014 sobre el alquiler de viviendas vacacionales. De todos los reguladores sobre la materia en Europa, ninguno ha alcanzado el grado de comicidad del Ejecutivo madrileño, encabezado por su consejera de Empleo, Turismo y Cultura, Ana Isabel Mariño, y secundado por su segunda de abordo, Carmen González Fernández, viceconsejera de Turismo y Cultura, sin olvidarnos del director general de Turismo, Joaquín Castillo Dolagaray.

En la letra del decreto, digna del mejor Club de la Comedia, se extraen estas caprichosas obligaciones:

  1. Inscripción del inmueble en el Registro de Turismo de Madrid, cuyo número de registro deberá exponerse visiblemente en cada anuncio o promoción que se realice del inmueble.
  2. Las viviendas sólo podrán ser alquiladas temporalmente con un límite mínimo de 5 noches, cuyo incumplimiento será sancionado por no obedecer la normativa turística, sin posibilidad de acogimiento a la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU).
  3. Estas viviendas tendrán que exponer una placa distintiva del tipo de alojamiento a la vista de los usuarios.
  4. Las tarifas o precios deberán estar expuestos a la vista de los usuarios.

Solo desde un buen sentido del humor puede entenderse el chiste. Por si alguien no lo ha comprendido, como les ocurre a los cómicos en sus monólogos, explicaré que los contenidos de Airbnb o de cualquier otro medio de comunicación son facultativos de dichas empresas, y únicamente un juez puede obligar a insertar algo que contravenga su libertad de expresión. Naturalmente, un juez del tribunal competente en la materia, que en el caso de la empresa norteamericana será en los Estados Unidos o en su filial irlandesa. Asunto zanjado.

Lo cómico de la normativa empieza a continuación. Ignoramos en qué caprichosa circunstancia las autoridades turísticas madrileñas decidieron imponer a las viviendas turísticas un alquiler mínimo de cinco días. No he escuchado, ni leído, ninguna explicación razonable de por qué van a ser cinco en lugar de cuatro o seis. Incluso nueve o diez. La cabalística asignaría a este número el símbolo de los cinco días laborables de la semana. Pero, ¿y los que trabajan seis días? ¿Y los que trabajamos los siete días de la semana? Hay quien apuesta por la unidad más premiada en el sorteo de Navidad de la Lotería Nacional que, efectivamente, es el cinco. Probablemente, Mariño y su equipo nos quisieron transmitir su denodado espíritu de acción, que en numerología viene significado por el 5. Es el símbolo de la libertad, la adaptabilidad, el espíritu viajero y aventurero, pero también de la inconsistencia y del abuso de los sentidos. El número de la fortuna, la magia y la aventura, atribuido a personas a las que les atrae lo desconocido, lo extraño, lo misterioso.

He escuchado por ahí que la arbitrariedad del cinco se debe a presiones del lobby hotelero para frenar así el alquiler de viviendas particulares, cuya estancia media no llega a los cuatro días. Digamos una “prohibición encubierta” al sector. Pero no me lo puedo creer. ¡Qué va! Esos son insidias de quienes malquieren a los hoteleros.

Con que sigo dándole vueltas al enigma del 5… ¿Por qué quedarse en la mitad pudiendo alcanzar la excelencia, significada por el 10 en las culturas mediterráneas?

El tercer capricho sí que encubre cierto humor negro, porque la obligación de colocar una placa distintiva en un inmueble de vecinos se asemeja demasiado a la estigmatización de judíos con una estrella amarilla, como dice un amigo. La autoridad turística madrileña aún no se ha enterado de que el fenómeno P2P en el viajerío tiene mucho de movimiento generacional y uno de los factores que lo han hecho explotar en todo el mundo es, precisamente, la equidistancia con el ambiente de hotel mostrada a través de sus signos. No es una equidistancia definitiva, sino circunstancial. A veces apetece no meterse en un hotel, sino en una vivienda privada, cuando se visita la capital. En incontables ocasiones los hoteleros con encanto me han preguntado que qué quiero decir cuando les critico que sus hoteles son demasiado hoteles… Pues eso mismo.

Y, finalmente, volvemos al añejo precepto franquista del cartel de precios a la vista. Pero, ¿a qué precio se refieren las autoridades madrileñas? ¿Al de hace un minuto? ¿Al de mañana? ¿Al de anteayer? Porque si entendemos que la lógica actual del mercado impone un régimen variable de precios, y éste es una facultad exclusiva del empresario, lo sensato será que los precios se hagan visibles en el momento de la reserva y en la plataforma de reservas. Ya se exponen de este modo sin que haya una norma que lo diga. Y si alguno lo oculta, allá él, porque no podrá culminar la reserva.

Repito. Solo en el escenario del Club de la Comedia cabe el obedecimiento a este decreto de la Comunidad de Madrid, que nos devuelve a un tiempo en que los seres humanos se equivocaban y allí radicaba su esencial humano, romántico y conmovedor, expuesto a los errores y también a la magnificencia de la imaginación. Pero, como asegura el jefe supremo de Ana Isabel Mariño, Carmen González Fernández y Joaquín Castillo Dolagaray, «España es un país serio». No hay que dudarlo. Ahora sí desde la seriedad se impone la derogación inmediata de esta caprichosa norma y avanzar por donde se vislumbra el horizonte del turismo millennial, denomínese economía colaborativa o simplemente libertad de mercado. Este decreto madrileño no tiene ningún viso de prosperar: ¡ojo, que el que avisa no es traidor! Quien se afana en proclamar al mundo que España es un país serio se ocupará más pronto que tarde de suprimir el chistoso decreto y poner al equipo Mariño a trabajar de verdad en el futuro de la Comunidad.

Jamás un empresario español había tenido la oportunidad de gestionar 500.000 camas turísticas y situarse a la cabeza de la industria turística mundial como hoy puede conseguirlo Kike Sarasola a través de su revolucionaria plataforma BeMate.Com. Dejémonos de malos chistes y apoyemos el libre emprendimiento con seriedad.

Fernando Gallardo |

5 comentarios en “Madrid de chiste

  1. En vez de revisar el “sistema” de estrellas y precios en puerta, que ya carece de cualquier sentido, deciden aplicarlo a las viviendas turísticas…insólito, sin duda. (Ya desde niño adquirí la costumbre de mirar los “precios” colgados en las puertas de las habitaciones…de puro absurdos me divertían entonces y me asombran ahora. La idea ya estaba obsoleta el siglo pasado, sin Internet ni celulares, no digamos ahora….)

    No comparto del todo tu visión general, algunas normas son buenas, algunos funcionari@s trabajan, y hacen bien su trabajo. A fin de cuentas, sin normativa y sin impuestos no tendríamos civilización (y no es hipérbole). Sin embargo, en este caso, el trabajo de los funcionarios/políticos es indudablemente lamentable. Intentan codificar una visión rancia e irreal, que nunca ha existido, y menos existirá. De paso, están haciendo un poquito mas de daño al turismo en Madrid…

  2. Patético, simplemente patético este Ayuntamiento de Madrid. O no saben o no quieren, o simplemente van dando palos de ciego sin saber a quien quieren aporrear. No se pueden hacer normativas a la ligera y como bien dice hacerlas de forma ridícula e incongruente. Necesitan aportar algo más de sentido común.

  3. Pingback: Resulta que la supuesta legalidad madrileña era ilegal | el Foro de la Ruina Habitada

  4. Pingback: El lobby hotelero madrileño aboga por más regulación | el Foro de la Ruina Habitada

  5. Hola Sr. Gallardo:
    Añadiría algun matiz pero creo que usted acierta de lleno. Yo si haria tributar a esos apartamentos como un IVA hotelero del 10%. Buscando una igualdad mínima entre empresarios.

    Un cordial saludo y gracias por su blog.
    Nos inspira, de veras.

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