El lobby hotelero madrileño aboga por más regulación

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Es hora de que la Asociación Empresarial Hotelera de Madrid (AEHM) madure. En un comunicado reciente, dicho lobby expresa una vez más su preocupación por el impulso que han conocido los alquileres vacacionales en el último año. Solo la plataforma Airbnb ha visto incrementadas sus cifras de negocio en un 70 por ciento, y las demás no le van muy a la zaga. Tras la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que anula un decreto autonómico caprichoso y malintencionado, como señalamos en este mismo foro hace tres años, el mercado de las viviendas turísticas en la capital de España parece haberse animado en mayor proporción que las inversiones hoteleras.

Mientras el Gobierno autonómico, a cargo de Carlos Chaguaceda como responsable turístico, mantiene una actitud prudente y reflexiva, la AEHM reclama un freno a estas actividades colaborativas con el argumento infantil de que a las plataformas colaborativas se les debería aplicar la misma regulación que a los hoteles, y no al revés. Sorprende esta chiquillada de la patronal hotelera madrileña —«Acusica Barrabás / en el infierno morirás / comiendo sopas en un orinal»— porque su visión igualitaria no pasa por la rebaja del exceso normativo a que está sometido la industria hotelera, sino «por desarrollar una legislación efectiva para los alquileres turísticos que contemple todos los criterios necesarios para poder seguir ejerciendo esta actividad y sanciones para aquellos que se salten la normativa», en palabras de la secretaria general de la AEHM, Mar de Miguel.

Es como si un niño de cinco años se quejara ante sus padres de que su hermano menor, de tres años, se come un pedazo mayor de tarta y, en lugar de pretender que le den a él un trozo del mismo tamaño, reclama que le quiten al hermano menor el trozo desigual.

Hablando de tartas, no hay empacho de esta asociación en denunciar que más del 50 por ciento de la oferta de viviendas turísticas en Madrid no está registrada. Como si el registro subsanase de golpe la desigualdad reguladora que lamentan sus afiliados. O, peor, creyendo que a los usuarios de estas plataformas colaborativas les infundiese más confianza el registro de viviendas en la Administración autonómica que en Airbnb. Lo que demuestra el escaso entendimiento que la AEHM tiene de economía digital.

Así las cosas, no es extraño que las plataformas digitales con superior inteligencia colaborativa estén creciendo fulgurantemente a costa del asincronismo analógico del lobby hotelero madrileño. Solo en el último año, la capital ha duplicado los 10.000 apartamentos operativos en 2015, con unas 37.000 plazas, hasta las 20.000 viviendas actuales, con más de 78.000 camas. La facilidad con que se alquila hoy un apartamento en Madrid justifica este crecimiento, pero también contribuye en buena medida la inquina de numerosos viajeros que no soportan el infantilismo acusica del sector hotelero en sus relaciones con la multimodalidad alojativa que se proyecta como el futuro del turismo.

Las patronales hoteleras de todo el mundo persisten en mirar la paja del ojo ajeno en lugar de la viga en el propio. Antes que comprender la fenomenología colaborativa y velar por una mayor eficiencia en el libre mercado, pierden el tiempo reclamando obstáculos al emprendimiento personal, un mayor intervencionismo administrativo y más restricciones a los fenómenos emergentes en la sociedad digital.

Digámoslo sin pudor. La AEHM quiere Ada Colau en Madrid.

Fernando Gallardo |

2 comentarios en “El lobby hotelero madrileño aboga por más regulación

  1. Mi preocupación radica en el vertiginoso crecimiento del nº de viviendas en estas plataformas, y el empeoramiento de la calidad de éstas. Y no me refiero solo a su calidad estética, donde uno es libre de elegir una vivienda mal amueblada y mal dotada, sino al engaño en sus vicios ocultos: suciedad, atención, comunicación, y tantas cosas que definen “nuestra” formación cultural en un pais donde la estética y el cuidado por el detalle tenemos una asignatura pendiente. También nos caracteriza hacer de todo un boom hasta que nos explota la burbuja, y con Airbnb algo acabará pasando. Si algo hay que regular es la calidad de lo que ofrecemos en estas plataformas. Igual que hay un nivel en Uber o Cabify, creo que con los apartamentos turísticos no pasa lo mismo.

    • El quid de la cuestión no es si regular o no regular, sino quién regula. Y el futuro apunta a que el regulador es el propio usuario de estas plataformas. Esos vicios ocultos, que obviamente pueden existir, son inmediatamente puestos al descubierto por los usuarios. Después, el nuevo usuario es libre de aceptar tales vicios ocultos o no. Pero lo que está en juego en la nueva sociedad es quién regula, si el devaneo de un político, la meticulosidad de un funcionario, el formalismo de un experto o el ecosistema evaluativo de los propios usuarios.

      En mi opinión, y en la de millones de personas que han encumbrado en muy poco tiempo estas plataformas digitales, el regulador debe ser el ecosistema mencionado.

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