Una buena foto y poco más

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Es arriesgado pensar que la web subsistirá más allá de esta década tal y como la conocemos hoy. Las nuevas aplicaciones le van restando espacio, y si hace solo cinco años no existía Facebook imaginémonos qué vendrá en cinco años más. Por supuesto que la polémico está servida y algunos gurús me han desmentido incluso en público, agraciados con la aparición del nuevo HTML 5, que tal fallecimiento se vaya a producir. Dado que el futuro no existe aún, dejemos el pronóstico en solo eso, un pronóstico para los años venideros. El presente es el que es, y el mío anuncia que cada día uso menos la web. La mayor parte de mi trabajo se realiza en ya la nube, en entornos cerrados, con aplicaciones específicas de Google y, por supuesto, con el utensilio comodísimo del iPad. Quien lo utilice de corrido sabrá a qué me refiero: es desagradable navegar por la web.

Otro vaticinio con fundamento, si bien con detractores de corazón, es que a los diarios en papel les queda un telediario. Sus días parecen incluso más contados que los de la web. Y quienes se aferran a su viejo hábito de sobarlos, arrugarlos, oler su tinta, ponérselos bajo el brazo o irse al cuarto de baño con ellos ignoran quizá que más allá de sus deseos se impone una realidad irrefutable: cada vez salen menos rentables, cada vez animan más a sus propietarios a clausurarlos, cada vez la masa crítica de lectores pierde más fuelle. Y si eso ocurre, por mucho que se los venere, ¿quién va a pagar sus costes imposibles? Así es que comprémoslos y disfrutémoslos mientras existan, que luego no habrá papel para secarse las lágrimas ni férulas para el bruxismo melancólico.

Lo que no tiene sentido en ninguno de los dos casos, tanto si la web no se muere como si los periódicos no dejan de imprimirse, es que los defensores de ambas utilidades mantengan el argumento imposible de su supervivencia con diseños farragosos, feúchos, desvertebrados y mediocres de principio a fin. Ante el avance de los soportes rich media parece que muchos han olvidado los fundamentos básicos de la comunicación y de cualquier exposición de motivos: una imagen vale más que mil palabras.

Ello resulta crítico en los portales de información turística, y en concreto en las páginas corporativas de los hoteles. No voy a citar siquiera algunas para no caer en injusticia de obviar otras miles con material defectuoso. Todavía recuerdo en los principios de la era web cuando un colega californiano me insistió en que su página de hotel ideal era aquella en la que aparecía solamente una gran foto y el botón de reservar. Nada más. Una galería de imágenes que potencie las características del establecimiento y sumerja al usuario en la atmósfera esencial del hotel es todo lo que se necesita para que el sitio web funcione.

Me he puesto a revisar algunas viejas notas que tenía guardadas en la nube (que nadie se escame, no estaban en la web, sino en la aplicación Evernote) y me he encontrado con estas indicaciones de un fotógrafo británico cuyo nombre debió perderse entre los cirros y sus señas, disuelto en el fragor de los cúmulonimbos:

– Evitemos incluir en las ilustraciones personas u objetos que podrían delatar fácilmente la fecha, siempre caduca, en que se hizo el reportaje fotográfico. Las imágenes de un hotel quedan así rápidamente obsoletas.

– Contratemos a un fotógrafo profesional especializado en portafolios de arquitectura. Solo él entiende las reglas de la axonometría y posee las herramientas adecuadas para corregir los indeseados efectos de un punto de toma mal situado.

– Evitemos el desorden de objetos y colores que generalmente se exponen en las fotografías de hotel. No pretendamos enseñarlo todo, que siempre resulta pornográfico. Persigamos antes el erotismo de una atmósfera, de un concepto, de un lugar o no lugar que invite al viaje.

– No hay que tenerle miedo a incluir, intencionadamente o no, algunas pertenencias en la habitación, como la maleta, la toalla usada, la falda sobre la mesa o el teléfono móvil tirado sobre la cama. Intrigan y reclaman la atención del que sueña con estar allí.

– Y algo que casi nadie cumple: acopiemos imágenes en alta resolución de las imágenes disponibles para que cualquiera se las pueda descargar fácilmente desde el sitio del hotel. Nunca se sabe… Igual algún día aparecen publicadas en el National Geographic.

Recomendaciones prácticas de un amigo.

Fernando Gallardo |

4 comentarios en “Una buena foto y poco más

  1. Fernando, desde mi humilde experiencia retratando espacios: qué razón tienes! Si se hacen fotos buenas y bonitas, sin querer mostrarlo todo, duran mucho más e incluso son mucho más rentables.

    Un consejo: no enseñarlo todo invita a soñar con lo que falta. Y respecto a lo que dices de dejar intencionadamente una toalla o un móvil, por supuesto, hace el lugar vivido y creíble. Las fotos de hoteles suelen ser sin alma, y eso es lo que más nos pesa a los usuarios.

  2. Estimado Fernando, muchas gracias por tus constantes y acertadas aportaciones al sector del al sector del turismo. No sé si las webs pasarán o no a mejor vida en unos años. Lo que si sé es que los que sí de momento queremos tener una web funcional, y que nos sirva para algo más que de mero escaparate, hemos tenido que incluir un gestor de contenidos, para actualizar los mismos y además poder comunicarnos con los clientes. Incorporar en la misma web el Blog, así como Twitter y Facebook. Y, cómo no, adaptada a los teléfonos móviles de última generación.
    Ahora mi web es un blog que gestiono yo misma, con mayor o menor suerte, ya que no soy nada experta en estas lides.

    • A esta web le falta un poco más de diseño y que funcionen los enlaces en todos los navegadores (no se ve bien en Chrome). Pero, sin duda, en materia de contenidos está bien realizada y mejor mantenida. Para un hotel tan pequeño y unos recursos escasos, esta web podría servir de ejemplo para muchos emprendimientos que aún no consiguen atinar en esto de Internet y las redes sociales.

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