boda en mave mave

Cualquier momento es bueno para casarse siempre que haya un interés común y el escenario de la boda depare unos recuerdos inolvidables. Desde que Joseph Nicéphore Niépce inventara la fotografía, en 1826, dichos recuerdos adquieren además una plástica que los hace doblemente inolvidables. Con los años aumentan su valor artístico, si quien tomó una imagen de ellos (los recuerdos) se afana como un verdadero artista.

Debido a sus carencias tecnológicas, con unos equipos de iluminación excesivamente voluminosos y unas cámaras difíciles de transportar, las fotografías de bodas se realizaban básicamente en el estudio del fotógrafos durante todo el siglo XIX y gran parte del XX. La portabilidad de estos artilugios y, sobre todo, la aparición de las cámaras compactas y de objetivos intercambiables popularizó este tipo de fotografía durante el instante mismo de los esponsales, transmutando esta actividad artística en un trabajo documental. El advenimiento de la fotografía digital convirtió en fotógrafo a todo invitado y su distribución a través de las redes sociales, con Instagram a la cabeza, ha supuesto un duro golpe para la profesión del fotógrafo de bodas.

La expresión artística debe manifestarse, por tanto, desde el diseño y adecuación de un escenario único para esta actividad. Y aquí la hotelería tiene hoy mucho que decir, como puede deducirse de la imagen que comentamos. Si los establecimientos turísticos desean marcar el paso de la industria de celebraciones matrimoniales, sus instalaciones y servicios deben ofrecer la virtualidad de un espacio onírico para el evento ceremonial. Sus muros, sus ángulos, sus exteriores y sus interiores deben ser diseñados con mente fotográfica, cinematográfica, como si cada uno de ellos fuera el fondo ideal para inmortalizar el momento de la celebración. Una forma, una tonalidad, un trampantojo, un volumen, una perspectiva. El dominio siempre creativo e imprevisible de la luz.

[Fotografía de boda tomada en el romántico jardín del hotel El Convento de Mave, cerca de Aguilar de Campoo, Palencia]

Fernando Gallardo |

Los casamientos de la luz

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