La nueva sociedad del Bitcoin

darselamano(Después de un parón de tres meses a causa de mi traslado de residencia de Nueva York a Madrid, y cumplidos ya 10 años desde mi salida de España, regreso al hogar de este Foro de La Ruina Habitada, donde nos damos cita quienes pretendemos una reflexión a conciencia sobre el futuro de la industria turística y los viajes)

Diversos colectivos profesionales de nuestra sociedad persisten en no quererse enterar de los cambios profundos que la tecnología digital y la globalización están imprimiendo hoy en todo el mundo. Diagnostican estas convulsiones como una crisis de confianza en las instituciones políticas y económicas que, por su índole coyuntural, debería resolverse con actuaciones regulatorias encauzadas a vencer los desequilibrios internos de los países y corregir la desigualdad humana provocada por la aceleración tecnológica de las últimas décadas. Surgen nuevas formaciones políticas que, de una parte, abogan por trasladar la democracia institucional al asamblearismo de la calle y, de otra parte, exigen el restablecimiento de los antiguos valores nacionalistas mediante el cierre de fronteras y el supremacismo racial, religioso, cultural, de género o de clase.

Su error consiste en el seguimiento escrupuloso de la lógica intelectual en lugar de moverse en los espacios siempre inciertos e incógnitos del pensamiento lateral. Y así no comprenden que, más que una crisis de confianza en las instituciones tradicionales, lo que asoma por el horizonte es una sustitución institucional de dicha confianza. El poder de los Estados está siendo transferido, lenta, pero paulatinamente, a las redes ciudadanas organizadas por algoritmos más precisos, ecuánimes y justos que las acciones regulatorias humanas. Sucede ya en todos los escalafones, en todos los sectores. Las estrellas oficiales de los alojamientos turísticos dan paso a la reputación online labrada en las plataformas tecnológicas de comentarios y valoraciones personales. Las tarifas normalizadas del taxi sucumben a la flexibilidad de precios (el surge pricing o el yield management) gestionada por conectores tecnológicos como Uber, cuyo fulgurante ascenso en más de un millar de ciudades ha sido propiciado por las campañas de publicidad emprendidas por los mismos taxistas que pretenden frenarlo. Multitud de sectores monolíticos en su operativa y en su estructura comienzan a verse desarmados frente al auge de la economía P2P que convierte a las personas físicas en un competidor directo de las personas jurídicas, con mayores exenciones fiscales debidas a su productividad bajo demanda. La uberización de la economía no se detiene.

Y ahora empieza a llegarle el turno a los propios gobiernos, poseedores del monopolio exclusivo de emitir moneda y modular la economía a antojo de la ideología triunfante. Que, por lícita, no significa la más práctica, ni la más adecuada para el conjunto de la sociedad. Ahora llega el P2P de las monedas en el mismo terreno de las plataformas triunfantes hoy entre la ciudadanía: Apple, Google, Facebook, Amazon, Airbnb, Uber y semejantes. Mediante una tecnología de encriptación cada día más segura, barata, eficaz, independiente y libertaria, el conjunto de estas monedas digitales ya representa una reserva de valor cercana a los 500.000 millones de dólares. Aún no pueden competir con Apple, cuya capitalización bursátil alcanza los 900.000 millones de dólares; ni con la banca tradicional, que representa un valor de mercado cercano a los 70.000.000 millones de dólares solo en el sumatorio de sus 50 principales entidades. Pero el despegue inesperado del Bitcoin, que lleva subiendo un 2.000 por ciento en este último año, periodo en el que ha doblado cuatro veces su valor (en enero, un bitcoin cotizaba a 1.000 dólares; en mayo, duplicó su valor a 2.000 dólares; en junio ya valía 4.000 dólares; en noviembre, 8.000 dólares; y hoy vale 17.000 dólares), podría estar anunciando una aceleración en el ritmo de adopción de esta criptomoneda como una reserva de valor superior a la del oro, cuando no su uso como una moneda transaccional.

Es pronto aún para determinar si la alta volatilidad de estas monedas es fruto de una especulación conducente a una burbuja que terminará pinchándose o si, por el contrario, es la manifestación evidente de la enorme proyección de futuro que estos instrumentos tecnológicos acreditan en su primera fase de desarrollo. Opiniones hay para todos los gustos. Pero incluso las que pronostican una burbuja similar a la punto com estarían avalando con el declive inicial el grandioso potencial que le aguarda. En el gráfico adjunto se muestra la curva ascendente de Amazon y el fulgurante despegue que experimentó tras su desplome con el pinchazo de la burbuja punto com. En 2000, la acción de Amazon llegó a valer 95 dólares, pero cayó estrepitosamente a 5,97 dólares, para luego remontar hasta los 1.162 dólares actuales. Quien se jugara 1.000 euros a principios del año 2000 y liquidase sus acciones durante la burbuja apenas lograría salvar unos 60 euros de la escabechina, mientras que quienes resistieron ese pinchazo hoy tendrían en su bolsillo más de un millón de euros.

Amazon curva

¿No podría ocurrirle lo mismo al Bitcoin? Ann Greenberg, fundadora de ION, afirma que la burbuja punto com sobrevino del hecho de mover información en Internet, mientras que la próxima burbuja criptomonetaria podría sobrevenir por mover valor en el mismo Internet. Si el superviviente por excelencia de aquella burbuja punto com, Amazon, consiguió en apenas tres lustros pasar de valer 5,97 dólares a 1.162 dólares, por las mismas el Bitcoin alcanzaría en 2032 un valor doscientas veces superior o la friolera de 3.400.000 dólares cada unidad.

El reputado Saxobank prevé una subida menor en 10 años: 100.000 dólares cada bitcoin. Otros analistas apuntan hacia los 300.000 dólares. Quien esto escribe se pasó varias horas valorando la cantidad de dinero que se mueve en el mundo, los activos en divisas de los distintos países, su deuda pública ascendente, así como la explosiva situación de los derivados —un mercado que, éste sí, puede sorprender al mundo con una próxima crisis financiera— y concluyó que el Bitcoin bien podría alcanzar un valor de 823.000 dólares, cifra 48 veces superior a la actual. Pero también me arriesgo a pronosticar un valor residual de esta criptomoneda a causa del freno gubernamental que sufriría al mínimo atisbo de su uso generalizado como moneda transaccional y, sobre todo, a las insuficiencias tecnológicas que presentaría el mercado de bitcoins una vez alcanzada su madurez, con una minería cada vez más comoditizada (concentración de empresas gestoras con unos márgenes operativos mínimos) y una economía deflacionaria (pese a las salidas que proporcionarían los denominados forks, bifurcaciones en el ámbito de su software).

Porque la trascendencia de las criptomonedas, como todo acontecimiento tecnológico, es su capacidad transformadora de las viejas estructuras económicas, sociales o políticas. Amazon no es una tienda virtual, como muchos gustan explicar. Amazon es un sistema de información que traspasa la confianza antaño generada por las marcas a los consumidores, convertidos en avalistas, productores y divulgadores de cuantos productos se anuncian en la plataforma del visionario Jeff Bezos. Uber no es un transportista urbano, como incluso algunos jueces se han atrevido a sentenciar. Uber es un sistema de información que traspasa la confianza antaño generada por unas normativas estrictas y fragmentadas a una comunidad de usuarios de cuantos servicios se anuncian en la plataforma de Kalanick. Airbnb no es un intermediario de alquileres turísticos, como aseguran todos los resabios hoteleros. Airbnb es un sistema de información que traspasa la confianza antaño generada por las normativas hoteleras a unos usuarios que demandan, no camas, sino experiencias en sus viajes.

Y así creemos que el Blockchain no es un simple protocolo informático de monedas criptográficas, como los agoreros del Bitcoin se jactan en sus análisis bancarios. Blockchain es un sistema de información que traspasa la confianza antaño generada por las Administraciones públicas a los compradores, vendedores, rentistas, consumidores, usuarios, experimentadores y ciudadanos en general convencidos de su creciente empoderamiento en la sociedad digital y global de hoy. Con Bitcoin o sin Bitcoin.

Fernando Gallardo |

Un comentario en “La nueva sociedad del Bitcoin

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s