Leo en Expansión un brillante artículo de Marta Fernández Guadaño subtitulado Dónde y cuándo es rentable la gastronomía privada. ¿Acaso tiene viabilidad un restaurante de una sola mesa?, se pregunta la periodista en su blog Gastroeconomía. Y pone como ejemplo el caso de Mibu, en el lujoso barrio de Ginza, Tokio, donde el matrimonio Hiroyohi y Tomiko Ishida ofrecen cada día la superlativa cocina kaiseki a ochos únicos comensales que pagan por este privilegio unos 25.000 yenes (205 euros) y cuyo ritual ha encandilado a cocineros españoles tan reputados como Ferran Adrià, Juan Mari Arzak, Carme Ruscalleda y Andoni Luis Aduriz.
Las malas lenguas añaden que Adrià cierra ElBulli para montar un restaurante de una sola mesa, probablemente en su casa, y darse el gustazo de cobrar los 400 euros que hoy cuesta el happening gastronómico en Cala Montjoi pero en torno a una sola mesa, sin las complicaciones inherentes a un negocio con 75 empleados y la gestión estresante de una larga lista de espera. En su artículo, Marta Fernández apoya el argumento a favor de la rentabilidad de una iniciativa así por boca de sus cocineros entrevistados (Quique Dacosta,
¿Reservas tu hotel directamente a través de Facebook? Pues sí, ahora vas a poder hacerlo sin necesidad de entrar en la web del establecimiento escogido, ni de centrales de reservas intermediarias, ni siquiera de portales de prescripción hotelera como
Abrió el turno de intervenciones el moderador de la mesa, un servidor, presentando el plan de innovación y cooperación hotelera surgido desde el denominado Espíritu de Jávea, al tiempo que llamaba a aplicar todas las iniciativas propuestas para que el debate no se quede en nada. Nicolás Gutiérrez, propietario del