Vive tu propia historia

Nueva entrega de una serie en que la provocación del comentario nos sirve a la reflexión sobre la imagen escogida. El establecimiento al que corresponde esta foto describe un paisaje interior casero de evocación histórica en contraste con el paisaje exterior, que anticipa una experiencia sensorial en la naturaleza.

enfucsia

Jesús Castillo Oli, arquitecto: “Esta imagen sugiere que nos encontramos en un edificio histórico, de rancio abolengo… qué duda cabe. Se sugiere por sus suelos de barro antiguos encerados a lo largo de los años. También, por el carácter sobrio de sus paramentos, todos en pintura al temple blanca, que transmite ese aspecto espartano de la arquitectura castellana, con algún resquicio de diseño de Muguruza en los muebles (véase la lámpara de pie). Los cortinajes, doseles, faldones de cama y el biombo que se adivina a la izquierda enfatizan esa intención de transmitir sensación nobiliaria. El televisor, pequeño y de cañón de electrones, denota la antigüedad del hotel y nos traslada a un tiempo donde esta decoración constituía cierta moda.

En cuanto a la arquitectura, percibimos un espacio abigarrado, donde el lujo casi llega del horror vacui en lo que se refiere al mobiliario, quedando en contra de esa limpieza espartana y claustral que dimana de sus pulcras paredes. Llego a contar, entre mesas y mesillas, cinco elementos que llenan y perturban el espacio; algo similar ocurre con las lámparas, de pie de pared, de mesa… También, y debido al carácter extra superior de la habitación, existe un sofá con bonitas vistas… a la cama. ¿Quién a la vista de esta imagen no sabe que está en una habitación de hotel?

La tipología del dormitorios es la misma que hemos visto, vemos y veremos en el 99 por ciento de los hoteles. Me reservo el gusto de habitar el 1 por ciento restante.

* nota: estos comentarios están hechos desde el sillón de la buena intención. ¿Quién, a la vista de esta imagen, no siente unas ganas terribles de visitar este sitio único esté donde esté? Perdóneseme la ironía, pero seguramente el único atractivo de la habitación es lo que se vislumbra fuera, un atisbo de frescura vegetal. Con el cariño que me brinda la ironía, pero nunca el sarcasmo.

Jesús Castillo Oli, arquitecto |

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La distribución hotelera online

Otros temas de actualidad nos han distraído en nuestro afán de legar a los foristas el corpus teórico de las ponencias expuestas en las pasadas Jornadas Hoteleras de Solares, celebradas el 30 de noviembre y 1 de diciembre en el Balneario del mismo nombre. Seguimos, pues, dando a luz lo que dijo allí el director general en España de la agencia online LateRooms.com (TUI Travel PLC), Joan Roca. Actualmente este portal de reservas hoteleras es líder en Europa y  nº1 en Reino Unido, con más de 3 millones de clientes anuales y más de 30.000 hoteles en todo el mundo. Está enfocado tanto a cliente de negocios (45%) como vacacional (55%) y gestiona el canal de reserva de alojamiento de EasyJet, Alsa, The Trainline, Notodohoteles.com o el Grupo Prisa, entre otros.

DPP_0018-3 Joan Roca ha desarrollado toda su carrera en el mundo de Internet, los últimos 8 años en el sector de viajes online. Por ello, la primera parte de su exposición se refirió a los distintos canales a través de los cuales se pueden encontrar hoteles a la venta por Internet. Existen diversos tipos de canal según acceso al cliente: bancos de camas, ventas directas o portales de reserva directos, y es esencial para el hotelero mantener el control de los valores que definen su establecimiento.

A la hora de gestionar los diferentes canales, la realidad de un hotel diferente es que, según Roca, existen tantas barreras tecnológicas que no es especialmente fácil hacerse con las extranets de los proveedores y barreras humanas, y no siempre se dispone de los recursos necesarios para gestionarlas. Ante este panorama de diversidad de portales grandes y pequeños surge enseguida la duda: ¿dónde estar?, ¿a cuál de ellos suscribirse?, ¿con cuál trabajar más o menos?

Los hoteles diferentes en destinos diferentes tienen difícil el ser encontrados. Por eso, Roca recomienda invertir tiempo en aprender y asignar tiempo a mantener y renovar el hotel en Internet. Tener muy clara la información disponible y qué habitaciones se van a poner a la venta. Apostar por las grandes centrales de reservas y, si hay, por alguna agencia online de

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Otra manía clasificatoria

Me ha dado un ataque de risa, entre el jolgorio de las sacudidas andinas, leer esta mañana que el máximo responsable para España de los hoteles Intercontinental (IHG) declara no entender por qué tenemos el euro y no una clasificación hotelera común en la Unión Europea. Es un tema reiterativo en mis disquisiciones hoteleras, pero conviene volver de vez en cuando a él para no perder ripio de lo que se dice fuera de este Foro.

starsEn la opinión de Luigi de Rosa, que así se llama su director general, cuesta trabajo entender cómo la Unión Europea ha llegado a tener una moneda común y no es capaz de unificar los criterios en lo que a clasificación hotelera se refiere. Y añade como argumento que su compañía ha desarrollado sistemas “a nivel económico, de calidad, en lo que se refiere a satisfacción de los clientes y de los empleados, que les permiten tener una comparación interna muy buena”, lo cual se supone debería ser extrapolado a otras compañías y a otros hoteles independientes.

Sí, es verdad. Cuesta trabajo entender cómo se ha llegado con facilidad a imponer el euro como moneda común y no a una normalización de estrellas. Como cuesta también entender la falta de una clasificación unificada de bombonerías, que tienen su corazoncito ellas también. Ni que en toda la Unión Europea aún no se haya impuesto una clasificación oficial de verdulerías, o de supermercados, o de tiendas de moda, que la hay de mucho lujo y también de pingos. Y qué me dice Luigi de los bares, de nuestros muy entrañables lugares, que seguramente obtendrían más estrellas que en Noruega o Dinamarca, pues allí hay que buscarlos siempre con lupa. Tampoco están normalizadas las zapaterías, y no admito chanzas patrias con ellas, que aunque no merezcan las 5 GL los Timberland me sientan a mí como un guante y no me los cambio por otro Ariel aunque me llamen pijo.

En efecto, nos queda mucho todavía mucho por clasificar y normalizar en la Unión Europea soviética que desean algunos. Lo peor es que a los ejecutivos de multinacionales que piensan así ya no les queda ni siquiera China. Porque imaginémonos por un momento, en lo que dura un seísmo de 6º, que a Bruselas le diera la ventolera de clasificar a todos los hoteles europeos. Por precio, que suele ser el patrón más fiable por democrático, si la media española por habitación (Trivago Hotel Price Index) está hoy en 85 euros y la suiza en 155 euros deberíamos colegir que un cinco estrellas suizo se correspondería con un dos estrellas español. Y si la media en Madrid reside en 97 euros frente a los 153 euros de Milán, por lo mismo deberíamos entender que si el Milan Grand Hotel Duomo acredita sus 5 estrellas, en una clasificación europea como la que pide Luigi de Rosa el hotel Intercontinental Madrid no merecería más de 3 estrellas.

Creo que ahora empezamos a entendernos.

Fernando Gallardo |

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La tierra está como una moto

Aquí nadie se acostumbra a un terremoto. Eso fue lo primero que escuché de un chileno al aterrizar en este país andino que hoy me acoge. Puedes silbar al aire, anticiparte al descuajeringue de puertas y ventanas, salir a la calle con paso firme pero no veloz, sudar sin que el vecino te lo note, pero miedo… vaya si se pasa miedo. Aunque los hayas vivido otras veces nunca sabes cuando se te derrumbará el techo o se abrirá el suelo a tus pies. Puedes controlarlo, pero no vencerlo. Y quien afirme lo contario, engaña.

El príncipe Felipe mira despavorido la gran lámpara de cristal que se le podía venir encima durante el terremoto Hoy hemos vivido todos un rosario inédito de sacudidas que ha alcanzado en su mayor expresión el dígito 7 de la escala de Richter. Por la mañana fueron tres temblores seguidos, en apenas media hora, que trufaron de inquietudes y perplejidad a las delegaciones extranjeras durante el relevo presidencial en el Congreso de los Diputados en Valparaíso. La foto del día, de esas que escriben la historia, es la del Príncipe Felipe mirando al techo con gesto despavorido. La gran araña de cristales que pendía del techo amenazaba con desplomarse sobre su occipucio y el de los egregios presidentes de siete repúblicas latinoamericanas, sin contar el de los presidentes saliente y entrante de Chile.

Enseguida, mi teléfono dejó de funcionar, como el de todos los chilenos. Ni los fijos, ni los móviles. Otra vez… Lo único que nos mantenía enlazados era Twitter y su traslación inmediata a Facebook. Twitter, como lo fuera el pasado 27 de febrero, fue el eje vertebrador de la jornada. Quienes lo utilizamos por costumbre sabemos que sirve para muchas cosas, además de haberle puesto la alfombra roja a Barack Obama. Se lo advertí al embajador del Perú en cierta ocasión en que almorzamos en casa de unos amigos: si no trabajas con Twitter hoy no sabes nada de lo que ocurre a tu alrededor. Él me mostró su excepticismo, y así les van las cosas por allí.

En Chile, Twitter y Facebook constituyen una herramienta de uso mucho más extendido y relevante que en otros países del mundo, incluido España. Ello se explica, quizá, porque el país andino carece de esa red vertebradora y real traban el AVE, las autopistas y autovías o la Sigue leyendo

Cómo ayudar a Chile y no equivocarse

María Ulecia, propietaria de un alojamiento turístico en Lisboa de lo más hogareño que he visto, Micasaenlisboa, me lo preguntaba esta semana con ánimo resolutivo. En qué puede ayudar a Chile, tras la catástrofe del pasado 27 de febrero, el sector hotelero español. La pregunta era casi un requerimiento personal a organizar algo por este país andino que ahora también es mi país. Y, claro, con semejante gesto de caridad humana no niego que se le pone a uno cara de breva. Cómo puedo yo a través de este Foro canalizar un movimiento solidario que sirva para algo y no para el despilfarro de lo donado o la ineficiencia de su posterior reparto.

¿Qué podemos hacer todos por Chile? En primer lugar, y para situarnos, debo reseñar que el terremoto y el posterior maremoto en la costa central de Chile ha registrado una magnitud 50 veces superior al seísmo del mes pasado en Haití, pero solamente ha causado 500 muertos frente a los casi 300.000 contabilizados en el país caribeño. Lo cual da una medida muy aproximada del diferente grado de desarrollo existente entre ambas naciones. De hecho, muy pocos países en el mundo están igual de bien preparados que Chile para afrontar un cataclismo de esta magnitud. Necesidades básicas de carácter inmediato no hay tantas como para justificar el desembarco en los maltrechos puertos chilenos, y en el todavía inoperativo aeropuerto de Santiago, de contenedores procedentes del exterior. El país se basta por sí mismo en asistir a toda la población afectada.

De hecho, el denominado segundo terremoto ha sido el del saqueo espontáneo y también organizado de las grandes superficies dañadas por el terremoto por parte de individuos y bandas no tan desesperadas. Las imágenes en televisión han sido elocuentes. Nadie se llevaba comida para casa, sino electrodomésticos y gadgets de última generación. Al ser entrevistados estos delincuentes su respuesta no escondía el cinismo de su conducta: se llevaban el televisor para informar a los niños del terremoto… Ayer mismo, en la pequeña localidad de Constitución, la gente se arracimaba en los centros de acogida no para solicitar comestibles, sino para arramblar con fardos de ropa que luego seleccionaban y arrojaban el sobrante a la calle y en las cunetas. Otros grupos más organizados llenaban camionetas con las prendas de vestir que todo Chile se ha volcado en donar a las parroquias, y luego se les Sigue leyendo

Esto lo arreglaremos entre todos, pero ¿cómo?

Esto solo lo arreglamos entre todos… pero no como ellos quieren, apostillan algunos colectivos contestatarios estos días. Porque ésta es la cuestión, que debemos arrimar el hombro en pos de un objetivo común. El de la prosperidad, naturalmente, que es el punto en donde lo habíamos dejado. Lo difícil ahora es saber cómo, qué se tiene que hacer y quién lo dice.

España ha perdido la confianza en sus políticos, ya no lo duda nadie. Ni el Gobierno ni la oposición nos parecen muy armados para librar esta batalla contra la inacción y la desesperanza que nos aflige como país. Los banqueros van a lo suyo. Los intelectuales se diría que no existen. La juventud rezonga perpleja. El turismo cae sin encontrar ninguna salida.

Es el momento de mirar hacia afuera. Salir en busca de nuevos horizontes, de otras oportunidades. Pero también de escudriñar en la mirada ajena qué piensa y qué siente por nosotros. Tal vez así reaccionemos ante la adversidad, esa que nos coloca al borde de la bancarrota y en el mismo precipicio que Grecia. No somos tan infames, ni tan corruptos, ni tan redomadamente malos. Simplemente hemos perdido el tiempo en esta última década con esa ambición inmobiliaria que hoy nos conducido a la ruina. Solo eso, el tiempo. Diez años en una historia rica como pocas. ¿Qué tanto es?

Menno Overvelde, director comercial del grupo hotelero Palafox, se lamentaba esta semana en complicidad hispánica con este servidor que España descendiera en el rating de riesgo-país cuando tanto bueno había creado en este último medio siglo. Amigos míos británicos han coincidido en dolerse por este demérito, al tiempo que me señalaban las enormes oportunidades que vislumbraban en el horizonte a poco que arregláramos las cosas no como el actual Gobierno quiere que se haga, sino con más creatividad individual y menor carga fiscal.

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