
La cadena hotelera Dorchester está condenada. Entre sus establecimientos más sobresalientes cabría citar el Plaza Athénée y Le Meurice, en París; Le Richemond, en Ginebra; el Principe di Savoia, en Milán; el Eden, en Roma; el Bel-Air y The Beverly Hills, en Los Angeles; y, naturalmente, el Dorchester, que le da nombre, en Londres. Condenada sin remisión a ser vendida o a cerrar, según sea la decisión que tome su actual propietario, el sultán de Brunei. Condenada a desaparecer por la torpeza de desoir a su clientela, por no percatarse de que en la sociedad digital y global de hoy, la marca de cualquier empresa pertenece a los clientes.
Para ellos, la clientela adicta a estos conocidos hoteles de lujo, el delito no es menor. Al sultán Hassanal Bolkiah no se le ocurrió otra cosa la semana pasada que introducir en Sigue leyendo
En noviembre de 1893, el industrial de origen francés Edmundo Noel solicitó al Ayuntamiento de Sevilla la concesión administrativa para la fundación de una compañía de distribución eléctrica en la ciudad. Ante el retraso en su tramitación, Noel se marcha a Berlín con la intención de lograr financiación y maquinaria para su proyecto. Meses después nace la compañía Sevillana de Electricidad con la perspectiva de proveer de alumbrado público a la ciudad. Aunque su primera inversión se orienta a la firma de un contrato de suministro eléctrico con Seville Tranways Co. —una empresa de transporte urbano que en 1889 había cambiado la tracción animal por la eléctrica—, entusiasma al Ayuntamiento con un ambicioso plan financiado por el sector privado de transformación del alumbrado tradicional a gas por otro más moderno alimentado con el «fluido mágico» de la electricidad.
Imagínate diseñar una ciudad compartida por todos. Una ciudad de microemprendedores como Host Caitlin, que recibe unos ingresos extras alquilando un par de habitaciones en su casa de Denver y es capaz de invitarte a unos huevos revueltos cada noche para financiar, ejem, la cena de su gato. O de pequeños negocios como el Radius Café, de Jon
Uno de los artículos más leídos en este Foro ha sido el que publicamos un tiempo atrás sobre
Dhooghe, dueño del restaurante t’Huis van Lede, situado en Wannegem-Lede, cerca de Gante, ha solicitado también no aparecer en la guía francesa Gault & Millau, mediante una carta certificada en la que asevera que su decisión es inapelable. No aclara, empero, si la decisión inapelable corresponde a la suya de enviar la misiva o la predeterminación de injerirse en los asuntos privados de la publicación neumática, en cuyo caso su desideratum sería una clara amenaza contra la libertad de empresa y la libertad de expresión.