Lo vengo rumiando desde que debatimos sobre la figura del condominio los hijos del empresario Antonio Catalán y yo mientras el telesilla de Baqueira nos subía una y otra vez a la cima del Mirador, este pasado invierno. Pese al vacío legal existente, el condominio hotelero se puede convertir en una opción rentable para muchos hoteles sobredimensionados en habitaciones durante estos años de crisis. Recordemos que sobran hoteles en España, y que al menos un 20% está condenado a la quiebra, que es como decir que sobran plazas hoteleras, camas, habitaciones o lo que se quiera, para entendernos.
¿Qué hacer con esas 30 habitaciones de tu hotel de 120 que no consigues rentabilizar estos días por la mala ocupación incluso en temporada alta? Venderlas, está claro. Ponerlas a la venta en un mercado inversor timorato, pero ávido de dividendos, aunque sea de un solo dígito (es que estábamos muy mal acostumbrados…). Y qué mejor inversión que una suite de hotel como sustitutivo del apartamento vacacional, gestionada por profesionales, mantenida dentro de un plan de conservación del alojamiento, comercializada por la propia estructura del hotel y puesta a disposición del inversor algunas semanas del año para su disfrute en vacaciones. Los expertos señalas que el 15% del mercado turístico estaría hoy interesado en una oferta así.
Desde el plano jurídico, un condohotel es básicamente un establecimiento hotelero cuyas unidades de alojamiento se venden a inversores después de hacer una división horizontal bajo un exclusivo uso turístico. No es, por tanto, un edificio residencial y, a diferencia de un hotel convencional, aquí la unidad de alojamiento pertenece al que la ocupa y no al que la gestiona. Sin embargo, existen diferentes opiniones sobre la regulación de los condohoteles, desde aquellas que proponen una leve modificación de la normativa autonómica a las que propugnan una reforma en profundidad o el traslado de esta patata caliente a la Administración central.
Joan B. Garau, director de la Escuela Universitaria de Turismo de Eivissa y profesor de Comercialización e Investigación de Mercados de la Universitat de les Illes Balears (UIB), realizó a principios de este año una encuesta entre 1.300 pasajeros no residentes en el Aeropuerto de Son Sant Joan sobre las cifras del turismo residencial en Mallorca. Según la muestra, un 15,7% de los aterrizados en la isla son turistas residenciales y su modalidad de estancia preferida es la de la vivienda alquilada, en mayor proporción que la vivienda en propiedad o el alojamiento en casa de familiares o amigos. A mayor inri, las familias alemanas con niños acreditan en esta vivienda de alquiler un nivel de gasto mayor que los que eligen hotel.
Es muy posible que, tras una experiencia satisfactoria en viviendas casas alquiladas, los turistas regresen con tan buen sabor de boca que muestren deseos de comprarse su casa para volver al año siguiente. Con la euforia del momento mal calcularán sus costes de mantenimiento, los impuestos y tasas derivados de la propiedad, los servicios imprescindibles para hacerles gratas las vacaciones… En fin, muchos de ellos terminarán malvendiendo la propiedad o alquilándola sin conocer los resortes de la comercialización turística de temporada. Muchos no la alquilarán jamás. ¿Qué tal si nos mudamos entonces a un hotel?, razonará la familia. ¿Y qué si esa suite de hotel es nuestra y todo el tiempo que no la ocupemos se convierte en una fuente de ingresos suplementaria?
Iremos viendo hacia adónde avanza el mercado residencial y la oferta turística inmobiliaria en España durante estos próximos años. Por lo que una pregunta salta obligada: ¿cuántas habitaciones te sobran a ti en el hotel?
Fernando Gallardo
