Salotto Monti

Decía Adolf Loos que quien considera sagrado el ornamento como signo de la superioridad artística de las épocas pasadas reconocerá de inmediato, en los ornamentos modernos, lo torturado, lo enfermizo y lo penoso de los mismos. Y que la falta de ornamentos es un signo de fuerza espiritual (Sämlitche Schriften, Ornamento y Delito, 1908).

Porque en un habitáculo como el de la imagen (hotel Salotto Monti, Roma), lo funcional es el condumio esparcido por sobre la mesa. Alimentos destinados a reponer energía desde la frugalidad de unos cuencos y unas copas de vino, con una botella a mano para Sigue leyendo

Gastronomía del espíritu

Bisagras chirriantes a la vista

Companhia das Culturas

La ruina deja de ser arquitectura y pasa a ser naturaleza, decía el Pritzker portugués Eduardo Souto de Moura durante los trabajos de restauración del monasterio cisterciense que terminaría convirtiéndose en la pousada de Santa María de Bouro. Este ‘acto mental’ amasa el espacio ideológico de lo ya construido para intuir una relación mucho más poderosa entre la ruina y el paisaje. El lugar es simplemente un pretexto para modelar vida, arte, fluido creativo. El sujeto se diluye en la lógica formal del objeto. Y el conocimiento intuitivo, el vector que permite trascender la apariencia de lo real.

Realmente estos portugueses entienden de arquitectura, como Távora, Siza Vieira o el propio Souto de Moura. Como Pedro Ressano Garcia, a quien se confió la Sigue leyendo

Experiencias locales de Airbnb

vida de barrio

Una de las mayores debilidades de la hotelería tradicional es su dificultosa integración con el entorno. En la ciudad, en la playa, en la montaña, los hoteles parecen islas en medio del mar, cuando no náufragos de cariño y reconocimiento por parte del vecindario. Resorts turísticos vallados en paraísos recónditos, debidamente protegidos de la población local (a veces harapienta, otras pedigüeña). Hoteles urbanos cuyo glamour traza una frontera invisible entre la población residente y la pasajera. Centros de negocios especializados en impedir a sus clientes toda distracción local, diseñados con los más refinados instrumentos de inescapabilidad.

El ideal de cualquier anfitrión es, no obstante, ejercer de eso mismo: el arte de la bienvenida, la acogida y la zambullida local. Tanto marketing de destino y tanta estrategia discursiva sobre las actividades complementarias, eso que los anglosajones denominan ancillaries, para que llegue un neófito y consiga por arte de magia el ensamblaje perfecto entre lo de afuera y lo de adentro, la diferenciación exigida en toda economía del desplazamiento que hemos reconocido como industria turística. Tal ha sido desde sus principios el ideario Airbnb: espíritu de barrio, esencia local. Sigue leyendo

Dar Seven

La explosión de los riads en Marrakech y otras ciudades magrebíes en los últimos años no ha sido casual. Su belleza arquitectónica apunta a una corriente estética que todo viajero lleva consigo o intenta aprehender. Pero no solamente eso. El reclamo doméstico de esta modalidad de alojamiento quizá fue el preludio de lo que observamos en diversas ciudades de Europa y América. Las viviendas particulares poseen un indudable atractivo para el huésped culto, que las prefiere al hotel bajo ciertas condiciones de viaje. Especialmente, el viajero millennial, cada día más renuente a ser turista y consumir productos turísticos. La experiencia diferenciada del alojamiento se opone consecuentemente a la normalización turística, a la regulación de los estándares turísticos y al encorsetamiento de la oferta turística.

Dar Seven, el último riad inaugurado en Marrakech, define como ninguno la experiencia personalizada de una vivienda propia. Su propietaria, la princesa Letizia Ruspoli, pasa en él largas temporadas, al tiempo que pone a disposición de ese viajero culto las cuatro únicas habitaciones del riad, al igual que hace con las tres habitaciones de su Residenza Napoleone, en Roma. Fátima, el ama de llaves, se ocupa de todo cuando ella no está.

La economía colaborativa del turismo no ha hecho más que empezar.

Fernando Gallardo |

La vivienda colaborativa de la princesa

Alquileres turísticos de película

Brooklyn

Instagram y la nueva cultura multimedia están convirtiendo el mundo en un gigantesco plató. Los millennials, iconoclastas urbanos, abanderan el sentimiento de vecindario como una prolongación ideológica del apotegma «piensa global, actúa en local». Por lo que no es difícil concluir que el barrio, la ciudad, la conurbación universal de las redes sociales constituyen el ecosistema en que se desenvolverá política, social, cultural y económicamente la generación llamada a liderar nuestra sociedad en los próximos 10 años.

El alquiler libre de viviendas y la economía colaborativa están llamados a generar valor en sus vidas, quiéranlo o no los portavoces de las generaciones anteriores, muchos de ellos sordos al aviso de uno de sus propios profetas, Bob Dylan: los tiempos siguen cambiantes. Los propietarios de estas primeras o segundas residencias, a título individual, concurren en un mercado cada día más libre en las mismas condiciones que Sigue leyendo

Las flores de la hospitalidad

cherry blossom

Es tiempo de Hanami (花見), el festival de los cerezos en Japón. Desde Okinawa a Hokkaidō, la sakura o flor del cerezo ofrece un rito primaveral sin parangón que nos ilustra sobre el refinamiento de la sociedad japonesa, su cortesía litúrgica y su embeleso contemplativo. El sakurazensen (桜前線) o pronóstico del florecimiento de los cerezos es anunciado, como el parte del tiempo, por el servicio nacional de meteorología. Y, entonces, millones de japoneses solos o en familia se congregan en los parques y jardines a… ¡contemplar los cerezos en flor!

El ensalmo incluso se continúa de noche, bajo la denominación de yozakura (夜桜) o los cerezos nocturnos. La sakura era el emblema de los guerreros samurais, pues en su Sigue leyendo