Alojamientos extrahoteleros

manosalzadas
¿Será Airbnb el próximo Booking? La respuesta podría consistir en buscar similitudes en el mundo hotelero con la declaración de principios que hizo su CEO, Brian Chesky, al globalizar su plataforma de economía colaborativa:

  • Estamos comprometidos a ayudar a que las ciudades se hagan más consistentes en lo social, lo económico y lo ambiental.
  • Estamos comprometidos a hacer prosperar los barrios a los que servimos.
  • Celebramos el legado cultural de las ciudades.
  • Nos comprometemos a ser buenos vecinos.
  • Nos comprometemos a apoyar a las pequeñas empresas locales.
  • Nos comprometemos a trabajar con las ciudades para compartir nuestros recursos con los más necesitados.
  • Estamos comprometidos con el fomento y fortalecimiento del sentido de comunidad.
  • Creemos en volver a vivir las ciudades como pueblos.
  • Estamos comprometidos con la diversidad, las artes y el carácter de las ciudades.
  • Creemos que las ciudades prosperan mejor con los microempresarios.
  • Estamos comprometidos con la seguridad de los barrios y sus casas.

¿Existe en realidad alguna coincidencia con una declaración programática proveniente de alguna cadena hotelera, de una patronal hotelera, de algún lobby turístico? Porque no se ve una implicación similar del sector turístico con su ciudad en ninguna parte del mundo. No vemos ese espíritu de colaboración con la ciudadanía, esa cercanía personal de barrio, esa complicidad con los vecinos, ni mucho menos las acciones concretas que aquí se han expuesto y que sintonizan muy bien con los millennials, la generación que irá tomando progresivamente el control de la industria turística.

No se ve en las ciudades, pero mucho menos en la franja litoral, donde numerosos resorts se encierran y desarrollan al margen de la comunidad local. No digamos en el ámbito rural, donde los hotelitos han crecido frecuentemente en contra de los agricultores y expresan su incompatibilidad con las actividades que originalmente motivaron el turismo de interior.

Claro que se podrá alegar que Airbnb proclama un buenismo impreso que luego no cumple en ciertas áreas saturadas de Barcelona o Nueva York, que ejerce una competencia desleal con el hiperregulado sector hotelero de todos los países, que evade el compromiso ciudadano y empresarial de pagar impuestos. Y otros tópicos recurrentes en estos dos últimos años de fuerte controversia sobre si estas plataformas tecnológicas que han protagonizado el liderazgo del turismo millennial son o no economía colaborativa.

De lo que ya nadie duda es que Airbnb y otras firmas supuestamente sumergidas (Uber, Lyft, HomeAway, Taskrabbit, Fiverr, Blablacar) están anunciando de manera implacable que la tecnología democratiza las relaciones sociales y económicas y que acabará democratizando tarde o temprano el conjunto de las relaciones políticas y culturales. Tras las discusiones iniciales, es tiempo de tomar conciencia y adaptarse a las nuevas reglas de juego. El sector turístico mundial está sufriendo un revolcón estructural, tengámoslo claro.

Y uno de los países mejor dispuestos para afrontar la transición de la sociedad analógica a la sociedad digital es Portugal, gracias a su Secretario de Estado para el Turismo, Adolfo Mesquita Nunes. Consciente de que la ciudadanía acaba poniendo en valor los recursos ociosos en uso de su libertad individual, que es como se define la economía colaborativa, Mesquita se ha mostrado siempre proclive a escuchar al ciudadano y emprender las reformas oportunas para otorgarle el liderazgo civil frente al intervencionismo del Estado. Es la voz más destacada en Europa en favor de la economía colaborativa del turismo y partidario acérrimo de la libertad de emprendimiento, movimiento y competencia.

La norma aprobada en esta materia es simple:

  1. Los residentes en Portugal son libres de compartir sus hogares con huéspedes de cualquier parte del mundo.
  2. El reglamento sobre las viviendas privadas de alquiler turístico se aplicará consistentemente en todo el país y pondrá fin a la incertidumbre provocada por esta nueva modalidad turística.
  3. Los impuestos aplicables al alquiler de viviendas turísticas son así más claros y más fáciles de abonar a la Hacienda pública.

Es de esperar que la Unión Europea se pronuncie más nítidamente a favor de la economía colaborativa a lo largo de 2016. La convulsión turística que a muchos cuesta entender viene dada por un cambio de relaciones entre los proveedores iniciales y el cliente final, convertido en el verdadero dueño del negocio turístico mediante su funcionamiento en red. Así, Airbnb, le cobra al anfitrión una comisión  •••••••••••••••••

[Se puede leer el resto de estas predicciones, con comentarios ampliados, ilustraciones y comparativas de años anteriores, en mi eBook TENDENCIAS HOTELERAS PARA 2016, de venta en Amazon al precio de $9,99 o 8,88€ (y gratuito para los suscriptores de KindleUnlimited). Disponible en aplicaciones para Apple Store, Google Play y Windows Store]

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→  Tendencias hoteleras para 2016

Fernando Gallardo |

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