2017, el año del bitcoin

bitcoinTus billetes de 10 euros mañana solo serán un trozo de papel. Desde la medianoche de hoy, martes 3 de enero, el dinero que llevas en tu bolsillo no valdrá nada. Los ciudadanos que deseen cambiar sus billetes por otros de menor valor habrán de esperar al jueves, cuando abran de nuevo los bancos, que permanecerán cerrados por orden gubernativa. A partir de entonces, se exigirá un límite en las cantidades que las personas podrán permutar y se requerirá una identificación para acudir al mostrador.

Este anuncio es una ficción a medias. No concierne a ningún país de la Unión Europea, por lo que ningún europeo debería preocuparse. Pero sí acaba de suceder en India, donde el presidente Narendra Modi sorprendió a sus ciudadanos con un anuncio parecido a éste que entraba en vigor sin aviso previo. «El dinero negro y la corrupción son los mayores obstáculos para erradicar la pobreza», advirtió el mandatario en su defensa de una medida tan radical como la de suprimir de la noche a la mañana gran parte del dinero circulante en el país.

Algo nos suena el anuncio, ¿verdad? Sin llegar a este extremo, Europa ha prácticamente prohibido los billetes de 500 euros diseñados por la propia Unión Europea, mientras que el gobierno español impide cualquier transacción en metálico de más de 1.000 euros.

Si analizamos los efectos de la restricicón impuesta por cualquier gobierno a la libre circulación de moneda, la respuesta histórica de la ciudadanía ha sido la creación de un mercado paralelo, denominado ‘mercado negro’. El cambio oficial se vuelve casi anecdótico para gran parte de la población, que prefiere intercambiar bienes y servicios con una moneda distinta —en general, más fiable— que la emitida por el Estado propio. Es la sempiterna milonga de cómo se crea dinero negro queriendo evitar el dinero negro, tantas veces vista en Cuba, en Ghana, en Rusia o en la antigua Yugoslavia.

¡Cuántas veces los turistas no han tenido que acudir a los cambistas ambulantes para obtener más ventajas de su moneda que si las cambiara en un banco oficial o en el hotel en el que se alojan! Porque los asuntos de divisas son también una cuestión turística.

Desde 2007, la crisis financiera internacional ha socavado la credibilidad de todo el sistema bancario, necesitado de sucesivos rescates a cuenta del bolsillo de los ciudadanos. Si tales acciones de salvamento se han generalizado en países de economía más débil, ahora parece haberle llegado el turno a los primeras espadas mundiales. La situación de la banca en Alemania y Estados Unidos es crítica. China no sabe ya qué hacer con el yuan. Japón no emerge de su crisis desde hace más de 20 años. Y en Italia, la situación financiera es práticamente de bancarrota.

Las amenazas de un nuevo rescate bancario atañen ahora a los ciudadanos de las primeras potencias, que seguramente rechazarán un aumento de impuestos para cubrir la factura de este nuevo despropósito financiero. Son los vientos que justifican los triunfos del Brexit, de Donald Trump y los más que probables de Marine Le Pen, en Francia, y el sustituto ultra de Angela Merkel, en Alemania. Nadie parece confiar ya en el sistema financiero en vigor. Y si no hay confianza en las instituciones, éstas, directamente, caen o son sustituidas por otras nuevas.

Por esta razón afirmamos en un titular quizá demasiado presuntuoso que 2017 será el año en que la confianza ciudadana en sus monedas nacionales, sostenidas por los Estados soberanos, transite hacia unas nuevas monedas digitales, sostenidas por las redes sociales. Al igual que el sistema de opiniones compartidas de TripAdvisor ha reemplazado en confianza de consumo turístico al viejo sistema de clasificación hotelera por estrellas, al igual que las plataformas de economía colaborativa están sustituyendo en confianza de alojamiento a las cadenas hoteleras—y, probablemente, terminen haciéndolo también con las OTAs—, las nuevas criptomonedas como el bitcoin ganarán en confianza a los Estados nacionales y su potestad de emitir moneda, que es también la potestad subrogada de falsificar moneda (añadir o eliminar circulante según convenga políticamente).

Un vistazo a la evolución del bitcoin, indicada en el gráfico subsiguiente, permite deducir que la fuerte tendencia al alza observada en estos últimos meses tiene algo que ver con todo lo expresado anteriormente.

Evolución del bitcoin

Desde enero de 2016, la cotización del bitcoin se ha cuadruplicado y apunta a cotas aún mayores en 2017. Bloomberg cita como causa principal de este formidable tirón el aumento de la confianza ciudadana en las monedas digitales por varias razones. Una de ellas, incuestionablemente, es la incorporación de un millón de apertura de cuentas en bicoin solo en el último trimestre de 2016, a tenor de los datos arrojados por la plataforma especializada CoinDesk.

Otro de los motivos aceleradores en la cotización del bitcoin ha sido la adopción de un control más estricto en el movimiento de capitales en las principales economías del mundo, como la ya citada prohibición de transacciones comerciales en metálico por encima de los 1.000 euros en España. Las barreras impuestas por China en la expatriación de yuanes en efectivo están afectando severamente al comercio mundial, aunque no son menos evidentes las trabas impuestas por numerosos gobiernos sobre las tasas cambiarias desde la Gran recesión, lo que frena la liquidez de las monedas nacionales en el exterior, aliciente mayúsculo en la búsqueda de alternativas fuera de los mercados oficiales de divisas. El ya citado ‘efecto Trump’ amenaza de momento la credibilidad del mercado cambiario ante su anunciada política proteccionista y de aislacionismo económico, que frenaría el envío de remesas en el caso de los inmigrantes latinoamericanos hacia sus países de origen.

Pero no todo son consecuencias de las políticas económicas en el horizonte inmediato. Desde su vertiente tecnológica, como estaba previsto, la oferta de bitcoin se volverá cada día más escasa, lo cual retardará en lo sucesivo el proceso de dilución del valor atribuido a las denominadas operaciones de minería criptográfica. Recordemos que, aunque el número de criptomonedas es potencialmente infinito, su liquidez es finita, pues en la arquitectura con que el bitcoin fue diseñado el límite del código matemático radica en 21 millones de unidades monetarias. El valor del bitcoin, como el de otras criptomonedas, se establece únicamente en función de la oferta y demanda contra las principales divisas tradicionales, sin que, a diferencia de éstas, pueda intervenir ninguna autoridad financiera. Las criptomonedas se rigen exclusivamente por un modelo matemático de código abierto, por cierto cada día más adoptado por las grandes entidades financieras internacionales, que temen quedarse atrás como intermediarios financieros y están explorando hasta sus límites dicho modelo matemático, conocido por blockchain. Para entendernos, el blockchain es algo así como un programa de contabilidad universal, como si existiera una hoja Excel colectiva en la que proveedores y consumidor anotaran de modo transparente el registro de sus actividades.

Casi todos los grandes bancos europeos y norteamericanos empiezan ahora a utilizar la tecnología blockchain en sus apuntes contables. Así que si finalmente no se cumple que 2017 sea el año del bitcoin, tenemos la convicción de que por lo menos será el año del blockchain.

Pero regresemos a las causas que explican la subida vertiginosa del bitcoin en 2016. De su potencial total de 21 millones de unidades, los llamados mineros del bitcoin (cualquier persona con un ordenador personal puede picar el carbón de bitcoin mediante la necesaria tecnología de encriptación, aunque la complejidad de esta tarea exige cada vez más fuerza de cálculo, gasto energético y experiencia tecnológica) han logrado ya encriptar el 80 por ciento del fondo monetario. Tanto, que la generación de nuevos bitcoin se ha reducido a la mitad desde mediados de 2016. Cuando se complete la labor de minería y toda la moneda quede definitivamente encriptada, el valor de cada unidad no dejará de aumentar en función de su escasez y conforme al crecimiento económico, lo que originará unas previsibles tensiones inflacionarias que debería amortiguar, en la lógica del mercado, la tendencia de valor decreciente en los costes marginales de producción. Quizá el futuro de la economía digital venga determinado por una relación matemática entre una moneda de valor creciente y una economía de bienes abundantes. La tecnología logrará este chocante milagro dialéctico.

Sin duda, estamos todavía al principio de lo que será una gran revolución en el sistema financiero internacional. La ciudadanía, adepta a las redes sociales y a la tecnología digital, no admite ya una demora de varios días en sus transferencias monetarias, ni la consiguiente comisión por una intermediación contable que no deja de ser puramente transaccional. Y, como venimos suscribiendo desde hace tiempo, todos los intermediarios transaccionales están condenados a desaparecer o ser sustituidos por nuevos intermediarios tecnológicos capaces de aportar un valor superior al meramente transaccional.

Cierto es que esta tecnología, como todas las tecnologías, son susceptibles de mejora en calidad y fiabilidad. Los múltiples episodios de robo de cuentas y quiebras de casas de cambio habidos a lo largo de 2014, como Criptsy o Mt.Gox, parecen hoy debidamente subsanados. Cabe afirmar que la seguridad del bitcoin es ya muy superior a la de cualquier moneda tradicional en papel, por cuanto sus operaciones quedan registradas a la vista de todos en esa magna hoja de cálculo que es blockchain. Convengamos que ninguna moneda es invulnerable a los hurtos o a la suplantación de personalidad, pero gracias a dicha tecnología blockchain el bitcoin ofrece hoy una menor vulnerabilidad y un mayor grado de confianza entre la comunidad de usuarios. Y, lo que es más atractivo, queda fuera del alcance de las autoridades económicas locales y su máquina de falsificar dinero.

La implantación del bitcoin, exenta de toda regulación administrativa, representa hoy un capítulo estratégico en la agenda de cualquier empresa turística. Debido a su esencialidad internacional y digital, los operadores del sector turístico no pueden seguir dependiendo de un Estado nacional ni sufriendo las elevadas comisiones que el mercado oficial de divisas impone a su actividad. Cualquier viajero de a pie sabe en qué queda su presupuesto una vez deducidas estas prebendas por los sucesivos cambios de moneda impuestos en cada paso fronterizo. Cualquier consumidor conoce el arancel a pagar por un pedido en Amazon con origen en un país distinto al suyo. La eficiencia económica del turismo exige prescindir de estos recursos viejunos y abrazar prontamente las metodologías de la tecnología digital.

Las ventajas del bitcoin en el sector turístico son innumerables. No en vano, han sido empresas turísticas como Destinia o BTCtrip las pioneras en abrazar esta nueva criptomoneda. Por un lado, el bitcoin es una moneda global que se puede utilizar en todos los países del mundo, independientemente de su legalidad (a modo de ejemplo, el dólar es ilegal en varios países). El límite de emisión de 21 millones de unidades hace predecible la masa monetaria en circulación, lo que evita fraudes y falsificaciones, al tiempo que permite mejorar el poder adquisitivo de sus tenedores. Su divisibilidad incremental (un euro equivale a fecha de redacción de este artículo a 0,001018 bitcoin o 1,01 milibitcoin) es una ayuda psicológica a la percepción de unos precios en progresivo descenso. Es una moneda ajena al sistema fiduciario, puesto que su valor no depende de la política económica de ningún gobierno, ni de la intervención de ningún banco central. A diferencia de lo que ocurre con las transferencias bancarias en moneda nacional, el bitcoin se transa al instante y su contabilidad queda registrada en la cadena blockchain correspondiente. Las transacciones son irreversibles, de manera que ninguna oficina administrativa o un tercero ajeno a la operación puede revertir el medio de pago sujeto del acuerdo comercial. Sí, en cambio, existen plataformas utilizadas para la custodia de la moneda hasta que todas las partes cumplen su parte del acuerdo. El algoritmo criptográfico del bitcoin lo protege de falsificaciones y está respaldado por varios servidores emplazados en lugares distantes de la geografía planetaria. Es tan seguro el protocolo del blockchain que hasta las entidades financieras más importantes empiezan a adoptarlo para proteger sus operaciones de transferencias monetarias y sus movimientos de tarjetas de crédito.

Como hemos señalado, las transacciones son P2P (peer to peer) y quedan anotadas en un libro de registros de libre acceso, aunque los usuarios de este sistema pueden conservar su anonimato. Esta circunstancia hacen al bitcoin apropiado para mover dinero negro, vender droga o realizar operaciones de tráfico de armas. Nada que puedan evitar las monedas oficiales, inhabilitadas para llevar impresa en alguna de sus caras el nombre de su portador.

A la industria turística le beneficia especialmente el bajo coste de transacción del bitcoin, menor que el de cualquier tarjeta de crédito, pagaré o transferencia electrónica a través de PayPal. Funciona en régimen 24/7/365, es decir, no existen horarios de apertura de bancos ni días festivos para ninguna transacción internacional. Se guarda sin necesidad de colchón o caja fuerte, se traslada sin necesidad de una saca o un maletín y una fortuna inmensa cabría en un pequeño dispositivo USB o, mejor aún, en algún lugar de la nube junto a las fotografías del viaje. Es una moneda útil para realizar micropagos, gracias a su bajo coste de transacción y a su extraordinaria divisibilidad.

El turismo es cada día más global y digital. Anacrónico sería, pues, que esta revolución tecnológica no transformara también nuestra organización política, social, cultural y económica. Si los bancos anticipan el futuro abrazando la tecnología blockchain, las empresas turísticas estarán pronto obligadas a hacerlo también o afrontar un concurso de acreedores. Que serían, muy probablemente, las propias plataformas tecnológicas encargadas de gestionar los bitcoin. Anunciado queda.

Fernando Gallardo |

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