Trabajadores en la era digital: ¿asalariados o autónomos?

UN NÚMERO PEQUEÑO DE VAINAS PRODUCE UN NÚMERO GRANDE DE GUISANTES

En mis disertaciones sobre los vectores que conducirán la evolución de la industria turística durante la próxima década, suelo extrapolar el Principio de Pareto o la Ley de los Pocos Vitales al ámbito específico de las relaciones laborales en los hoteles. Antes de continuar, precisemos que la regla paretiana del 80-20 describe el fenómeno estadístico por el que una proporción pequeña es la que contribuye siempre a la mayor parte del efecto.

En su Cours d’économie politique, publicado en 1896, el economista, ingeniero, sociólogo y filósofo italiano Wilfredo Pareto determinó esta relación desde los fundamentos sobre el reparto de los bienes naturales y la riqueza mundial, que fue posteriormente generalizada a todos los órdenes por el escritor y consultor empresarial Joseph M. Juran. Así, mientras el 20% de los grandes empresarios acreditan el 80% del valor de las empresas, el 80% de los empresarios solo obtiene el 20% del valor de lo producido. O también que el 20% de los defectos afectan en el 80% de los procesos.

Si aplicamos este principio a la revolución que la tecnología digital y la inteligencia artificial están sometiendo al mundo laboral, cabría deducir que en el futuro solo el 20% de los trabajadores será asalariado, mientras el 80% restante será autónomo. Conviene irse preparando a afrontar esta nueva realidad en el ámbito de las relaciones laborales. Yo mismo, estos días de agosto, me estoy leyendo el libro Ghost Work, de la antropóloga Mary L. Gray y el analista informático Siddharth Suri, que apuntan aún más lejos en el teorema expuesto:

Los trabajos freelance no solo están aquí para quedarse sino que son el futuro del trabajo. Así que estos empleos sustituirán a muchos trabajos hasta ahora considerados estables. Lo mínimo que podemos hacer es ampliar las ventajas de estos trabajos (flexibilidad, más control, centrarse en la producción en lugar de esfuerzos) y tratar de equilibrar los aspectos negativos.

Entre estos aspectos negativos, apuntan los autores, se encuentra la consideración de fantasmagóricos. Definen los trabajos fantasmas como aquellos que pueden ser, al menos en parte, creados, programados y gestionados través de una interfaz de programación de aplicaciones con atisbos de inteligencia artificial. De modo que un trabajo se convierte en fantasma cuando no hay seres humanos involucrados en ese bucle. En realidad trabaja el software, no las manos del hombre.

Y enfatizan:

Se trata de un verdadero desmantelamiento del empleo.

Los cambios que se están produciendo en las relaciones económicas, cada día más afectadas por la digitalización de los servicios, repercuten profundamente en el mercado de trabajo y en el modelo de contrataciones.

Varias industrias siempre han dependido de los trabajadores temporales. Pero ahora hemos construido una economía basada completamente en ellos. No hay una opción de regresar a tiempo completo, a un trabajo más estable y según la demanda.

Gray y Suri alertan contra este fenómeno causante de una precarización intensiva del mercado laboral.

Depender del trabajo por contrato significa básicamente que dependemos de la disponibilidad de las personas. Por lo tanto, la intervención número uno que necesitan tanto los trabajadores como las empresas consiste en reconstruir nuestro contrato social de empleo en torno al valor de la disponibilidad. Esto supondría que todos los adultos en edad de trabajar tendrían la posibilidad de participar en nuestra economía y aportar valor, precisamente porque estarían dispuestos a brindar la capacidad claramente humana de responder a las solicitudes de ayuda para distintos proyectos.

Y esta es la clave que explica la raíz de la transformación del concepto de trabajo. No la disponibilidad de tiempo, sino la disponibilidad de competencias para acometer los proyectos empresariales que correspondan.

Aquello que adquiere valor de cambio, valor de transacción, es precisamente el desarrollo de un proyecto concreto. Y como en el futuro toda la economía será digital deberíamos estar hablando ya de proyectos digitales concretos. La mera disponibilidad de tiempo asignada a tareas periódicas será innecesaria en el proceso rutinario de fabricación o servicio en cualquier empresa, pues tales procesos serán más pronto que tarde automatizados.

Veámoslo con ejemplos propios de la industria hotelera. Un recepcionista que presta un servicio burocrático durante ocho horas en el mostrador de recepción no podrá ser contratado indefinidamente porque su función tiene plazo de caducidad, como la de aquellos escribamos que ocupaban las mesas en los soportales de las plazas públicas. Si el recepcionista se reconvierte en un gestor de hospitalidad, su trabajo de empleado a tiempo completo carecería de sentido, ya que la relación con el huésped no la podrá efectuar en el momento asignado por el hotel, sino en el instante en que el huésped lo desea.

Un camarero cuya única función es transportar bebidas y comida tampoco podrá ser un empleado fijo por cuanto su función será igualmente automatizada. Y si se reconvierte en un consejero de alimentación no tendrá necesidad de estar disponible las ocho horas preceptivas, sino que actuará como un consultor freelance el tiempo en que sea requerido para esta función, como hoy sucede con los repartidores.

Pero es que tampoco será valiosa la disponibilidad horaria de un director de hotel cuya vocación sea la de controlar el PMS del hotel, ya que esto no tardará mucho en robotizarse. Y si su responsabilidad puede ser compartida por más de un establecimiento, como ya empieza a ocurrir con frecuencia, el tiempo disponible será dividido entre los hoteles a su cargo. Al final, este directivo será un freelance que ejecutará labores de dirección compartidas, lo que le hará más valioso y obtendrá una mayor remuneración por ello.

Lógicamente habrá casos en que necesariamente un trabajador tendrá que ejercer una función (digital) durante ocho o más horas del día. Y, por tanto, será empleado de la casa con un contrato indefinido. Pero este trabajador pertenecerá al 20% de los asalariados descritos arriba, en la ecuación laboral de Pareto.

Fernando Gallardo |

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