Un desayuno sin diamantes no es un desayuno

MC-028-kellogs A cualquiera le podría parecer que los comunicadores necesitamos la publicidad para vivir y por esta razón crematística abogamos por aumentar como sea la cuota de inversión publicitaria en todas las empresas, muy disminuidas la verdad en este año de crisis. Pero no, hoy es un hotelero inquieto y sabio –ávido lector y suscriptor activo de nuestro Foro– quien llama la atención sobre los establecimientos que han decidido recortar su presupuesto en promoción. El caso expuesto vaticina lo peor para estas empresas, estos hoteles. Yo no sería tan pesimista, pero viniendo de quien viene… Nuestro amable comunicante es Fernando Terán, director del Balneario de Solares.

Cosmopolita como pocos en este Foro, Terán leyó el otro día en The New Yorker un artículo de James Surowiecki, columnista experto en finanzas, acerca de las diferentes formas que tienen las empresas de enfrentarse a una crisis económica y cómo los periodos de recesión pueden significar también excelentes oportunidades de negocio. Si lo suscribe el New Yorker, queridos lectores, id a por gafas y abríos una cerveza, que va en serio. Ésta es una historia de éxito y de fracaso que nos debe hacer reflexionar sobre cómo hay que hacer las cosas.

A finales de la década de los años veinte del siglo pasado, cuenta Surowiecki, dos compañías, Kellogg’s y Post, dominaban el mercado de cereales empaquetados. Era un mercado relativamente reciente, a pesar de que los cereales listos para consumir existían desde hacía años, pero los estadounidenses todavía no los consideraban como una alternativa seria al clásico desayuno. En ese contexto, cuando la Gran Depresión estalló, nadie sabía qué pasaría con la demanda de este tipo de producto. Los directivos de Post reaccionaron de la manera más previsible: recortaron sus gastos y congeleron su inversión publicitaria. En cambio, Kellogg’s dobló su presupuesto, apostó de forma agresiva por la publicidad en la radio y lanzó una nueva gama de productos: los Rice Krispies. En 1933, a pesar de que la economía estaba por los suelos, los beneficios de Kellogg’s crecieron a un ritmo del 30% anual y se convirtió en lo que todavía es hoy: el actor dominante de esta industria.

Se puede pensar que todo el mundo puede hacer lo mismo que Kellogg’s, pero cuando llegan los malos momentos las compañías tienden a comportarse como lo hizo Post. Lo estamos viendo. Recortan los gastos y esperan a que lleguen mejores tiempos. Hacen pocas adquisiciones, incluso aunque los precios del mercado sean baratos. Disminuyen su presupuesto en publicidad, invierten menos en investigación y desarrollo. Adoptan este tipo de medidas con el objetivo de preservar lo que ya tienen. Sin embargo, hay numerosos estudios que muestran que aquellas compañías que son capaces de mantener su gasto en adquisiciones, publicidad e investigación y desarrollo durante las recesiones económicas se comportan significativamente mejor que aquellas que optan por una estrategia mucho más conservadora.

Gracias, amigo Terán por tu reseña.

Fernando Gallardo

Mil razones para invocar al Espíritu de Jávea

Ayer por la tarde asistí, entre ilusionado y sorprendido, al segundo webinario experimental sobre las nuevas formas de gestión hotelera, impulsado e inspirado con arrojo por Fernando Gallardo. Ilusionado porque imaginaba que la aventura de descubrir el futuro interesaría a  una mayoría significativa de los hoteleros que conocían la idea/embrión del cluster y sorprendido por la escasa asistencia y menor entusiasmo percibido en el ambiente.

También acabo de leer el melancólico y rebelde comentario de Fernando en el foro de la Ruina Habitada. Indudablemente no resulta agradable vislumbrar el poco interés mostrado por la esencia del proyecto, un puro laboratorio de ideas/sueño, y la perseverancia en los detalles operativos más aplazables. Aún así, creo que hay que tener en cuenta que algunas nuevas formas de comunicación, colaboración y desarrollo empresarial necesitan un cierto tiempo de rodaje que no es fácil de acompasar en un grupo tan heterogéneo y todavía poco cohesionado como el nuestro. Sin ir mas lejos, antes de la reunión de Jávea, yo mismo no conocía a ninguno de los participantes y después solo he vuelto a ver, físicamente, a dos de ellos (saludos a los magos de Echaurren).

Aunque no soy especialmente optimista en mis actitudes vitales, siempre he intentado (que no siempre conseguido) ver el vaso medio lleno en vez de medio vacío. Y a eso voy. Pienso que, en primer lugar, no se había comprendido correctamente la operativa del cluster y su idea principal de laboratorio; pero también que el miedo/precaución, libre y omnipresente, aflora cada vez con más consistencia en los diferentes estamentos sociales y los hoteleros no estamos libre de esa plaga. Debemos reconocer que las perspectivas no son nada halagüeñas; la borrachera inmobiliaria y la sádica y descarnada actitud de los bancos racionando, gota a gota, el preciado elixir crediticio nos está haciendo sentir quiénes controlan realmente la situación y percibir el aliento de estos nuevos vampiros en la nuca. Por otro lado, los continuos cambios y avances en marketing y costumbres sociales pueden crear ansiedad y desconfianza por el resultado final de muchas de las ideas que se pudieran desarrollar, pudiendo perder el tiempo, la ilusión, la dedicación y el dinero empleados. De hecho, ya empiezan a realizarse los primeros ensayos con la web 3.0 y todavía no hemos desarrollado casi nada la web 2.0. En cualquier caso la esencia del cluster es precisamente ésta, y a nadie deberían de extrañar los riegos, aunque sea razonable dudar.

Sin embargo, creo que no hay otro camino para sobrevivir que la innovación. Supongo que otra explosión de crecimiento y despropósito consumista no parece que vaya a reproducirse en el corto o medio plazo y, por tanto, deberemos aclimatarnos a una larga temporada de vacas flacas. En consecuencia, asumamos que solo el permanente descubrimiento de los anhelos del futuro cliente (que posiblemente ni él mismo conozca) nos podrán, como mínimo, mantener en donde estamos (virgencita que me quede como estoy).

Indudablemente cada vez competiremos con más países y destinos, pero creo que no somos tan malos en esto del turismo. Aunque estoy de acuerdo con Fernando Gallardo en que nos hemos tropezado con una parte de nuestro éxito turístico, no creo que solo haya sido producto de la casualidad. Y también puede que 55.000.000 de visitantes que tuvimos en 2008 no estén todos equivocados y realmente tengamos algunas cosas que merezca la pena vivir y experimentar. El conjunto de España es mucho más que la suma de sus partes, y no es fácil encontrar un enclave con tanta diversidad y complementariedad en sus diferentes zonas geográficas y culturales; por eso confío en que seguiremos estando entre los 3-5 primeros destinos del mundo durante muchos años, aunque no sin problemas y no tan fácil como antes.

Pero también, por eso mismo, debemos liderar la innovación hostelera con el Espíritu de Javea y el Hotel de los Sentidos como puntos de partida del cualquiera de los siguientes escenarios del turismo mundial. Nadie ha dicho que vaya a ser fácil y que ni siquiera signifique un hito importante en la cultura turística, pero tenemos la obligación de intentarlo. Aunque solo consigamos sobrevivir ya será un éxito.

Claro que los países emergentes atraerán más y más turistas deseosos de conocer sus culturas y paisajes, pero cuántos visitantes repetirán sistemáticamente y cada cuánto tiempo es algo que todavía está por ver. Porque igual que los países del Este mantienen espacios vírgenes y pueblos bien conservados todavía no saben sonreír; o sabemos que hay lugares en China que son inigualables y mantendrán su encanto mitológico durante décadas. Pero también nuestras piedras, nuestra aceptable alegría de vivir y nuestra variadísima comida pueden sorprenderles a ellos y generar un flujo de turistas indios y chinos hacia nuestro territorio.

Tenemos muchas carencias como país. Hemos perdido tantos trenes hacia la modernidad… Al tiempo, hemos conseguido dar un salto de gigante en los últimos 25 años y sin ningún apoyo especial, incluso con sonadas zancadillas y problemas de división interna que pueden dar al traste con la idea-fuerza de España. Aunque ahora ya sea un tópico, no creo que sean casualidad nuestros éxitos deportivos, ni la capacidad de algunos científicos, médicos, arquitectos, ingenieros, artistas, diseñadores, hoteleros, cocineros, etc. por liderar tantos campos a nivel mundial.

Claro que sería maravilloso que la Universidad y las empresas no fueran entes aislados y se uniesen en un fin común para dar valor añadido a nuestras ideas. Es también descorazonador comprobar la carencia estructural del suficiente número de auténticos empresarios y el galopante superávit de meros negociantes/conseguidotes que solo realizan una intermediación parásita. Deberíamos, sin duda, ser más competitivos, sin dejarnos devorar por la productividad esclavista de otros lugares como EE UU o Gran Bretaña. Pero nuestros cielos todavía son azules y, aunque la sequía y el calentamiento global nos acechan persistentemente, somos líderes en energías renovables y agricultura avanzada y ecológica. Nuestro principal talón de Aquiles quizás sean la formación y una escasa cultura del esfuerzo, pero confío en esa juventud que aun a costa de sufrir la constante permanencia en la categoría de becarios y el sueldo mileurista a perpetuidad -sin poder, además, marcharse de casa-  son capaces de divertirse como nadie, pertenecer a ONGs del mundo entero sin despeinarse y se forman y viajan, por fin, en el extranjero.

No somos perfectos, pero hemos mejorado mucho; sobre todo partiendo del desierto cultural y social en el que estábamos. Y la imaginación es uno de nuestros activos intangibles mas presentes. Casi nos hemos desenganchado de la religión paralizante que nos ató al yugo y las flechas de la dictadura y podemos desnudarnos en casi cualquier playa sin que nos detengan o manifestar las diferentes opciones sexuales con tranquilidad y naturalidad en casi todos los ámbitos. Y tenemos muchos bares y restaurantes, de todo tipo y nivel, donde se mezclan las diferentes clases sociales sin grandes aspavientos ni protocolos, manteniendo una cierta capilaridad social muy beneficiosa para la cohesión de grupo. Los teatros están llenos a rebosar cada semana, hay colas en los museos y nuestras fiestas son famosas en el mundo entero. El avance en infraestructuras de última generación es espectacular y nuestra Seguridad Social en un bien de valor incalculable (con sus defectos mejorables) y seguimos siendo en país número uno del mundo en trasplantes de órganos, lo que indica un avanzado grado de empatía y solidaridad y una sorprendente conciencia de la muerte como hecho natural capaz de separar la persona de su cuerpo para poder utilizar partes de este último para salvar otras vidas; y la respuesta social al necio terrorismo de ETA o la muestra de dignidad y valentía que se pudo constatar tras el 11-M. Todos son gestos que reconfortan y por los que merece la pena pertenecer a este extraño y diverso grupo multicultural conocido por España.

Creo que finalmente se creará el cluster del Espíritu de Jávea y alumbrará interesantes mecanismos e ideas para seguir atrayendo a los nuevos (y antiguos) viajeros de la nueva era informacional y quizás alguna de sus elucubraciones se instale con fuerza en la futura promoción y gestión del turismo que nazca de las redes sociales, las nuevas formas de relación personal y las combinaciones interraciales y culturales.

Seguiré adelante apoyando estos dos proyectos hasta que aguante mi escasa capacidad financiera, e incluso después, pero con un gran anhelo e ilusión por inventar/descubrir la próxima frontera del turismo mundial que me gustaría fuese, al menos en parte, Made in Spain.

Veinticinco hoteleros somos mas que suficientes para revolucionar la hostelería del futuro y aunque así no fuese, solo participar y luchar por alguna idea y sentir tan cerca la imaginación, la energía y el valor de muchos de vosotros habrá merecido la pena.

Y, además, la aventura siempre es la aventura.

Nacho Latorre, hotel Valle de Oca

El déficit empresarial en España

A las 11h30 de hoy, hora de Lima, salí a la calle con la sensación de llevar, de nuevo, un compás turístico adelantado. Deambulé por los acantilados de Miraflores entre una neblina espesa y astragantemente húmeda con la necesidad de digerir el mal trago de un webinario tan estéril de contenido como precario en su tecnología. El impedimento de videoconexión para todos los participantes –40, siete menos que en la edición anterior– ha contaminado quizá la naturaleza del debate y lo ha relegado a un puro y redundante chat sobre la idoneidad de las cuotas a pagar por pertenecer al clúster de innovación hotelera que habíamos propuesto. Ninguna mención al programa de actividades, a habas_contadaslos réditos esperados, a la estrategia por desarrollar… Únicamente el peso de la cuota, el valor del dinero.

Mientras mis suspiros limeños se volvían socarrones por la evidente desidia con que el sector hotelero ha acogido una propuesta crítica de cooperación e innovación, el pensamiento se me escurría por los esteros de la memoria al recordar qué poca atención me prestó el mundo editorial en aquellos días de 1988, cuando tuve la impertinente ocurrencia de proponer la publicación de una guía de hoteles con encanto. Apenas existía en el territorio peninsular una insignificante muestra de hoteles pequeños y familiares con interés por atraer a la clientela urbana de una España que esperaba mucho de su reciente incorporación a la Unión Europea. ¡Qué ingenuidad –argüían– pensar que este país iba a llenarse de hoteles con encanto…! Y con ese título tan cacofónico… ¿quién prestaría atención a un libro así? Vuelva usted mañana, me respondían como si yo no hubiera leído jamás a Larra. Hasta que el entonces director de la editorial El País-Aguilar, Guillermo Willy Schavelzon, y su sucesora en el cargo, María Ángeles Sánchez, aceptaron poner en marcha la idea siempre y cuando me amoldara a un presupuesto simbólico que se iría incrementando con las ediciones posteriores siempre y cuando la fórmula tuviera éxito. Nadie imaginaba que, años después, ese “horrible apelativo” de Hotel con Encanto se acabaría convirtiendo en un genérico.

Años después viví lo mismo con Carlota Mateos e Isabel Llorens, dos ilusas jovencitas “incapaces” de crear una marca hotelera y tener una visión propia del turismo con encanto: Rusticae. Así como lo cuentan en su libro autobiográfico Pioneras, publicado por Alienta Editorial, la historia comenzó con una dosis de desánimo, la que produce el hecho de que solo nueve hoteles se interesaran por pertenecer a un club de calidad. Uno, que ya tiene su edad, se esforzaba en hacerle ver a los hoteles escogidos las ventajas de no promocionarse en soledad, estar en contacto con otros establecimientos de similares características, ser objeto de auditorías regulares a cargo de terceros, en fin, pertenecer a un mundo de viajeros con nombre y no de turistas con número. Muy pocos, solo nueve, creyeron que Rusticae se acabaría convirtiendo en la marca de referencia de la hotelería con encanto en España y lleva camino de serlo también en otros países como Argentina, Marruecos y Portugal.

Sí, mientras hacía boca en las atalayas limeñas sobre el océano, mis diatribas consistían en adivinar qué díscola circunstancia determinaba la cerrazón de muchos hoteleros por ser tan advenedizos empresarios y con qué simpleza cortoplacista algunos rematan su desinterés por el futuro de sus negocios. A menos que se defienda la ineficacia de las nuevas tecnologías en la comercialización hotelera o la amenaza que representa para la propia supervivencia un escenario de cooperación y convivencia, el escaso interés suscitado por la propuesta de un clúster de innovación hotelera solo se explica por la animadversión general a pensar en el futuro. Se dijo por escrito: el día a día absorbe toda la atención del negocio y no hay tiempo para imaginar el mañana. Se replicó de viva voz: sin una idea del mañana, el día a día es apenas un ejercicio de supervivencia. ¿Estamos seguros de poder sobrevivir en este océano rojo del turismo en España?

La respuesta me la dio un almuerzo reparador en la cebichería La Mar, que el afamado Gastón Acurio regenta en la capital peruana. Causas, tiraditos, anticuchos y un cebiche de corvina para iluminar los buenos pensamientos. Eso sí que es visión de futuro y claridad de conceptos. Acurio no se duerme en la tradición, ni en los laureles de su prodigiosa caja registradora (posee una afamada red de restaurantes en Santiago de Chile, Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Sao Paulo, Acurio en La MarMiami y Madrid), sino que persigue la esencia de las cosas, la excelencia en los procedimientos, la corazonada matriz de nuevas tendencias, así como los conceptos revolucionarios de la cocina amazónica, considerada por Ferran Adrià como el futuro de la alta gastronomía. Un empresario, es decir, alguien con capacidad y decisión para emprender debe tener previstos los comportamientos de su clientela durante los próximos diez años. Y si no, no es empresario. Acurio, que lo es y de los mejores en Perú, analiza los comportamientos de los viajeros del siglo XXI con tanta precisión que su nuevo emprendimiento, una cadena de hoteles autóctonos llamada Nativa, pretende satisfacer con una arquitectura sostenible las exigencias medioambientales de los jóvenes de hoy, a sabiendas de que éstos serán los clientes adultos que llenarán sus hoteles mañana.

¿Alguien lo duda? ¿Alguien lo desconsidera? Léase esta entrevista de la A a la Z y se acabará renegando de la perplejidad. Gastón Acurio es el hotelero que nunca se verá obligado a cerrar. Su restaurante La Mar así lo anticipa. Basta entrar en los baños para saber lo que se cuece más allá de los fogones: un espacio onírico de cantos rodados, hormigón prensado, acero corten y dos tubos verticales colgados del techo que chorrean agua a caño sobre unas bacinas selváticas. Pura arquitectura de los sentidos. O el entramado de cañizo y volantín de acero que cubre el espacio de las mesas, adaptado al microclima del barrio limeño de Miraflores. O esa cocina a la vista, continuada por una barra kilométrica donde ejercen, muy holgados, los camareros. Peruanos todos, serviciales y educados como pocos, inteligentes y hacendosos. ¿Cómo se explica esto sin un Gastón Acurio empresario, capaz de extraer lo mejor de sus trabajadores?

Lo he escrito ya muchas veces: el sector hotelero en España no tiene un déficit de buenos trabajadores, sino de buenos empresarios.

Fernando Gallardo

Vivir en un hotel por 375 euros mensuales

La crisis turística no perdona. El diario alicantino Información acaba de publicar una noticia que debe hacer reflexionar a muchos, no tanto por su originalidad como por evidenciar la indefensión que genera la actual situación económica en los hoteles mal preparados para afrontarla. Establecimientos que no realizaron en su día el imprescindible examen de conciencia: cómo va a ser mi negocio dentro de 15 años y cómo trabajaré mucho para aplicar la estrategia pertinente de largo plazo. Otras respuestas serían, probablemente, las que manejaron los dueños del hotel Albahía, ese que se vende en primera línea de la Albufereta y, en realidad, queda acurrucado sin playa bajo la autovía de acceso norte a la ciudad. Se creerían que por tener el mar delante el tráfico no iba a impedir que los veraneantes lo llenaran… Pero ahora el veraneo, si cabe tenerlo, arrumba hacia otros destinos más baratos y menos contaminados por el turisteo.

El caso es que el susodicho hotel alicantino ofrece desde el pasado abril la posibilidad de vivir en sus habitaciones dobles por la insólita cuenta de 375 euros al mes, con baño completo incorporado, nevera, caja fuerte, armario empotrado, conexión wifi, luz y agua, siempre que se reserve para un mínimo de tres meses. La oferta, en pura lógica, está siendo un éxito, ya que de las 30 habitaciones elegidas para desarrollar este plan anticrisis siete ya están reservadas y con inquilinos y unas ocho en negociaciones. Siempre han existido clientes permanentes en los hoteles, como Xabier Cugat en el Ritz de Barcelona, pero aquellos eran personajes que aportaban mucho glamour al hotel. Y éstos, en cambio, vienen de huida por la crisis. Los que vendrán mañana serán mates en familia numerosa, quién sabe. Mientras, la Asociación Provincial de Hoteles de Alicante admite que vivir en un hotel no es lo normal, aunque haya casos como el señalado.

En otro hotel de la ciudad -el Maya, hoy Cris- residió el gallego Arsenio Iglesias mientras entrenda al Hércules de los años 70. En el Meliá Alicante, algunos propietarios de habitaciones en régimen de condominio han optado por vivir en el complejo. En el campo de golf de Bonalba (Mutxamel), el hotel Alba ofrece a los golfistas la posibilidad de vivir largas temporadas en la planta 4 del establecimiento, donde existen habitaciones dúplex equipadas con cocina y otras comodidades propias de un aparthotel.

Volviendo al hotel Albahía, la oferta referida de los 375 euros mensuales incluye el cambio semanal de la lencería y toallas del baño y una limpieza general de la habitación cada dos semanas. A partir de ahí el inquilino puede contratar desayunos y comidas. El menú diario de crisis se paga a 7 euros. Mientras, el precio medio de una habitación en mayo es de 50 euros al día.

En Alicante, la ocupación hotelera ha caído un 17% desde que comenzó el año y los hoteles prácticamente no levantan cabeza desde la salida de la Volvo Ocean Race. Lo anunció la directora de Christie+Co, Inmaculada Ranera, en las pasadas Jornadas Hoteleras de Jávea: un 20% de la oferta hotelera está condenada al cierre. Esto incluye la reconversión del negocio hotelero en un arrendamiento residencial de bajo coste.

Fernando Gallardo

Una ayuda púbica a la hotelería riojana

riojanos Me extrañaba a mí que una región tan dinámica y emprendedora como La Rioja no tuviera su propia central de reservas hoteleras. Llevo una década escuchando a los próceres de todas las autonomías proclamar que su prioridad turística es la puesta en marcha de una central de reservas on-line. Así se acabarían todas las dependencias de las mayoristas internacionales y, lo mejor, serviría para vertebrar la oferta dispersa que padece el turismo de interior.

Cada director general de la cosa me ha intentado convencer de la utilidad de una herramienta así, de una organización así, de una política así. Alguno, como el anterior responsable turístico de Castilla y León, Jesús Rodríguez Romo, se afanó durante los tres largos días que pasamos juntos en Tokio, con ocasión de un evento organizado allí por Turespaña, que coincidió con una de mis escapadas zen. Al menos con Jesús, amigo al que aprecio por encima de todo, las discusiones se dieron con el fondo siempre soportable de un hotel hi-tech y unos tintos importados de la Ribera del Duero. Él ya sabía que mientras yo tuviera la nariz ocupada podía convencerme de cualquier política imposible.

Porque al día de la fecha todavía espero que alguna autonomía declare que su central de reservas funcione comme il faut! La última en entrar por el aro ha sido La Rioja, que yo extrañaba tanto como el Finca Allende que elabora el enólogo Miguel Ángel de Gregorio en su bodega de Briones. Sin perder mucho tiempo, la Asociación Riojana de Hoteles anunció ayer su alumbramiento, un portal de reservas TIC «imprescindible para no quedarnos atrás respecto de otras regiones españolas», según lo subrayado por su presidente, Jaime García Calzada. ¿Querrá decir que además de no ser tortuga en esta absurda carrera autonómica, las reservas automatizadas servirán para algo?

La iniciativa pretende significar un ahorro de costes para los hoteles, que hasta ahora sufragaban los costes a través de motores de reservas nacionales e internacionales, “lo cual suponía un importante gasto de intermediación y una notable carga financiera para las pequeñas empresas hoteleras”. Ahora ya no… Costeada por el Gobierno riojano, esta nueva central ofrece la posibilidad de gestionar de forma autónoma las reservas, “que ya se encuentran totalmente operativas para los usuarios y clientes”, concluye el anuncio.

Asociación Riojana de Hoteles

Ávido por la novedad, aunque escéptico en su idoneidad tribal, me he puesto a hurgar en la mentada central on-line y, ¡vaya por Dios!, ¿qué descubro?, un espúreo sistema de reservas, una gran mentira. Salvo en los hoteles de las cadenas AC, NH, F&G y Husa no existe ninguna posibilidad de efectuar reservas en línea, pero ninguna. Pincho en la ficha del hotel Conde de Badarán y me catapulta a la web sonora del hotel, donde solo puedo rellenar un formulario de contacto. Sigo a la Hospedería Cisterciense, en Santo Domingo de la Calzada, y lo mismo, pero sin formulario y sin tarifas de pernocta. La Hospedería del Camero Viejo, más abajo, me vuelve a remitir al formulario de su página web, igual que el hotel siguiente en la lista: el Señorío de Briñas. Ideam eadem idem con el Hostal Gala o el hotel Casa del Cofrade (de pésimo recuerdo para mí). Ni rastro de reservas en los hostales La Calera, el Moderno, el Niza, el Peñabajenza. Nos vamos ahora al Hostal Chandro, donde encuentro un lay-out prometedor: Encuentra Pareja, La Forma Divertida de Encontrar una Cita, Empieza a Coquetear, Cómo Agrandar el Pene Con Técnicas y Ejercicios Naturales Videos online y Servicio de Ayuda…

¿De verdad están tan necesitados los hoteles riojanos que les sirve esa “ayuda” pública?

Fernando Gallardo

A cuestas con el turismo rural

CowFace1 Anda el personal del agro un poco levantisco, no sé si por los efectos indeseados de esta crisis o porque faltan ideas con las que gobernar el negocio. No del agro paltero (de los aguacates) o del aceitero, que ya no toca pito aquel comisario europeo que llevó a muy mal traer a los aceituneros altivos de Jaén y otras zonas productoras de Iberia, la década pasada. Ahora le toca el turno al agroturismo, del que puede decirse en confianza que solo existe en funcionamiento una decena de establecimientos reales, puesto que los demás tienen de agrario nada más que el nombre. Quien no esté de acuerdo con esta afirmación que no me lo discuta a mí, sino al profesor egresado del CSIC Venancio Bote, un amigo.

A los que no gustan de llamarse agroturismos utilizan el vocablo más amplio de turismo rural, que es todo aquel establecimiento no ubicado en Madrid o Barcelona. ¿Suena a broma? Acaso la broma sea la de encontrarse con un buen número de hoteles rurales dentro de Vigo, que es pueblo no capitalino de mucha mayor habitación que Soria. O en el centro mismo de La Virgen del Camino, cerca de León, acaso porque hace unos años esta localidad era lugar de labrantíos, hoy convertida en núcleo industrioso.

Sucede lo mismo con los hoteles de golf, que confunden cuando no se les reconoce sus atributos. Me lo contaba un amigo mío golfista de pro, que viajó desde Oslo con sus palos para jugar en el campo del hotel Villa Magna, en la mismísima Castellana de Madrid, y se extrañó de encontrar por únicos hoyos los del metro de Gallardón. ¡A quién se le había ocurrido anunciar ese ex Hyatt como un hotel de golf!

Pues eso, que los negocios de la cosa verde están que trinan porque la oferta de casas rurales ha aumentado casi un 10% durante 2008, y como la ocupación ha descendido un 11%, las cuentas salen solas. El sector del caserío rural es claramente deficitario. Sus propietarios temen acabar muy golpeados por la crisis, por lo que la Asociación de Profesionales de Turismo Rural (Autural) y la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), algunas de las muchas que existen para atizar las brasas de la gresca agroturística, han emprendido una cruzada contra el parque ilegal de casas rurales en España, que se supone incluso mayor que el de las legales.

“La piratería perjudica gravemente la imagen del sector y supone competencia desleal”, acusa el presidente de Autural, Rafael Correa, para quien los males del sector estriban en la existencia de una normativa desigual en cada comunidad autónoma, con 18 leyes diferentes, y pocas ayudas públicas. Es de suponer que el representante de la mentada asociación preferiría que fuese la Unión Europea quien normalizara (¿McDonalizara?) a las casas rurales, ya que expresa cierta querencia por un mercado único, y que lo financiara todo, como hasta ahora, el programa europeo de fondos estructurales. Lo que resulta más difícil de suponer, por contradictorio, es que se persiga la piratería cuando en su erradicamiento se pretenden exacciones émulas de Barbarroja.

A ver si lo entiendo. La única condición que distinguiría la legalidad y la ilegalidad de las casas rurales es la transparencia fiscal de su actividad económica, aparte de las exigencias sanitarias y arquitectónicas, como en casa de cualquier vecino. Y si Autural está reclamando hoy a la Administración “un aplazamiento del pago de los impuestos para los alojamientos situados en poblaciones de más de 500 habitantes y fiscalidad cero para los ubicados en las de menos de 500 habitantes” está condenando a la ilegalidad a un buen puñado de casas rurales. Ya no tendría sentido su solicitud de un observatorio para controlar la piratería, pues con una exacción fiscal como la que se propone todas las casas observadas serían directamente ilegales.

Claro que si lo que se está diciendo es que la ferulenta estacionalidad del caserío rural impide cualquier normalización fiscal, a santo de qué gastar el tiempo y las ideas (malas) en cruzadas tan estériles como la de la música en mp3… Por la boca muere el pez. Al igual que la SGAE, la Autural haría bien en inventar otro modelo de negocio. Porque está muy claro que el negocio de las casas rurales de medio pelo es un mal negocio una vez que se han agotado los Leader europeos.

Se pueden seguir reclamando infinitas ayudas públicas, naturalmente, que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar.

Fernando Gallardo