En un artículo anterior escribí que en buena parte de los hoteles que visito acabo siendo reconocido y que por eso me extienden de vez en cuando la alfombra roja: una botella de champán en la habitación, wifi de banda ancha en funcionamiento cierto, vistas más seductoras desde mi habitación, reserva en el restaurante confirmada, el coche guardado en el garaje por un menestral y unas algunas prebendas más… También advertí que, por modestia o rectitud, nunca ha sido ésta una prerrogativa que yo haya utilizado con alevosía. Quizá porque mi ética reconoce en los demás la misma credencial VIP a la hora de hospedarse en un establecimiento hotelero.
¿Es factible esta práctica de manera generalizada? Yo creo que sí…, mientras el huésped agasajado no lo chive a los cuatro vientos y reste valor a la exclusividad de este trato. En Sigue leyendo
Confieso que, después de 35 años de oficio, en buena parte de los hoteles que visito soy reconocido por algún empleado como «ese crítico que te encumbra o destruye» (algo exagerado, la verdad, aunque muchos lo piensan así). Y por eso a uno le cabe el honor de que le extiendan de vez en cuando la alfombra roja (que no va más allá, sinceramente, de una botella de champán en la habitación). En no pocos casos esto se traduce, igualmente, por que la wifi funcione en banda ancha, las vistas desde la habitación sean más seductoras, la reserva en el restaurante esté ya confirmada, el coche sea conducido gentilmente hasta el garaje próximo, y unas algunas prebendas más. Salvo el «sobre», me ha sucedido de todo en los hoteles en los que me he hospedado e, incluso, en aquellos que simplemente visitado. «Claro, es que usted es un privilegiado, no como todos los mortales», me espetan de vez en cuando desde las redes sociales quienes envidian o temen mi trabajo. Y siempre lo he reconocido. He sido un beneficiado de la hotelería, un VIP de los hoteles, de igual modo que un programador informático lo es del software avanzado, los pilotos de líneas aéreas y azafatas por viajar a todos lados, los taxistas por
Hilton, Marriott y Four Seasons son, por este orden, las marcas de hoteles más reconocidas en el mundo digital. Así lo indica una encuesta de Brodeur Partners en Estados Unidos que, si bien tienen en cuenta a todos los operadores internacionales, se decanta enseguida por las cadenas más conocidas por el mercado estadounidense.
A quién le puede gustar ser propiedad de alguien. Eso no ocurría desde los tiempos de la esclavitud. Pero he ahí que los marketinianos comienzan a utilizar esta idea en el diseño de la nueva economía, la que surge del mundo digital y las redes sociales, la que modela un mercado organizado y perfectamente segmentados por afinidades, identidades y prácticas de consumo. Gracias a esta nueva realidad ya se habla de una guerra entre empresas por quién posee al consumidor… Y, en el turismo, por quién posee al viajero…
Esta mañana hemos asistido a una ocasión histórica en el Parlamento de Chile. La Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados, presidida por la diputada Mónica Zalaquett (