Un hotel peor

Regreso de Marrakech con la lección bien aprendida. El lujo fue aterrizar en La Mamounia y comprender enseguida lo que significa un hotel sin estrellas: a pie de escalerilla, el servicio nos condujo derechos a la sala Vip que el propio hotel dispone en el aeropuerto, donde fuimos agasajados con un té menta, dátiles y otros refrigerios de nuestro gusto en tanto el comité de bienvenida se encargaba de tramitar las engorrosas diligencias de policía y aduana. Luego nos encarrillaron hacia la ciudad a bordo de un flamante Jaguar con asientos de piel clara. Una atención tan exclusiva como la que recibiría, días más tarde, el Rey de España.

Eso sí que es trato Vip. Eso sí que es exclusividad. Eso sí que es lujo. Y, por esa expresión del lujo por antonomasia, el hotel La Mamounia se ufana de no poseer estrellas, de estar fuera de toda categoría. Que clasifiquen a los demás. Que clasifiquen a aquellos incapacitados para dispensar tales lujos. Que los clasifiquen por incapaces de ser ellos mismos.

Marrakech se ha llenado de hoteles con estrellas plateadas en los últimos años, pero ninguno es La Mamounia. Ninguno está facultado para no tener estrellas, distinción que se ha convertido ya en el Sigue leyendo

Clasifica que algo queda

No fumar. No a la copia digital. No a circular a más de 110 km/h… Vivimos en tiempos de tanta incertidumbre económica, social y política que la determinación simpática (en su sentido fisiológico) de los gobiernos es prohibirlo todo. Muerto el perro, se acabó la rabia. No nos consideramos responsables nosotros mismos de nuestros propios actos, y así no podemos avanzar en libertad. Porque, recordémoslo, a los gobernantes (al menos en Occidente) se les vota, se les aúpa o se les apea de su función pública. Veremos hasta dónde alcanza la campaña #nolesvotes.

Este retroceso en las libertades individuales es fruto de una irresponsabilidad compartida. Si no creemos en el individuo, más concretamente en un individuo, cortémosles las alas a todos los demás. Fumar molesta, y las flatulencias ajenas también. Correr por la autopista gasta energía, y ver correr a 22 jugadores de fútbol en un estadio por la noche también. Escuchar música compartida libremente en Internet supone un lucro cesante para los músicos, y sintonizar la radio también. Pero no por ello vamos a dejar de interesarnos por las noticias, echar humo si nos produce placer o apretar el acelerador cuando el camión que tenemos delante no nos deja ver el horizonte. ¿Será lo próximo decretar la obligatoriedad en el uso del preservativo?

Puede que al final de este proceso involucionista en que nos hallamos inmersos hoy con la crisis se nos abran de nuevo las alamedas por las que circule el hombre libre… O no, si nos empeñados en permanecer ciegos ante el futuro que se nos viene encima. Un escenario más social y compartido, gracias a los desarrollos tecnológicos, pero también más personal y customizado, gracias al desarrollo del conocimiento. Siempre se ha dicho que el hombre se apiña en defensa ante lo desconocido. La ignorancia anula al individuo y merma sus libertades. La sabiduría lo libera y ensancha su espacio vital.

Pues bien, todo esto viene a colación por la insistencia que muestran diversos colectivos gremiales por cercenar la libertad de empresa y frenar la tendencia diferenciadora que hoy se observa en la Sigue leyendo

Clasificaciones en el turismo rural

El segundo tema de los #microdebates sobre turismo rural que celebramos el 26 de noviembre de 20101 en INTUR Valladolid planteó lo más controvertido, si no espinoso, del actual momento por el que atraviesa esta actividad en España. ¿Espigas? ¿Estrellas? Frente a la homogeneidad se levanta el argumento de la diferenciación. Y en este debate entra la Administración turística, que suele ceder a los intereses corporativos de los empresarios y defender un modelo de normalización que iguala a los negocios de turismo rural como ya antes igualaba a los hoteles. Por esta razón, cuando Sigue leyendo

Por un ruralismo urbano sin etiquetas

turismorural A veces no me entra la letra del turismo rural. No concibo otra manera de pasar unas vacaciones en el campo que henchido de aire puro, frente a un paisaje subyugante, impregnado de aromas silvestres, adormilado por el silencio, prisionero de una soledad tan beatífico-mística como deseada. Hummm…! Y si cada equis horas sacio la sed con un vinito regocijante y el hambre con unas viandas de figón honrado, pues mejor que mejor. Un soplo de gloria divina.

Por eso no me entra la letra del turismo rural. Será que necesito sangre. O una ración de tentetieso. Lo que observo siempre en mis viajes por la piel de España es el signo indeleble del desarrollo. Un paisaje domesticado de postes eléctricos, cortafuegos forestales, repoblaciones montunas, molinos de viento, granjas eólicas, huertos solares, carreteras bien Sigue leyendo

El bazar europeo de las clasificaciones hoteleras

estrellas Un informe comparativo sobre los criterios mínimos exigibles a los hoteles de tres estrellas en la Unión Europea, publicado por el ECC-Net en 2009, me sirve de reflexión sobre los sistemas clasificatorios y su utilidad en el turismo contemporáneo tan focalizado en las redes sociales. Cuestión previa: Finlandia y Noruega no tiene un sistema de clasificación oficial de hoteles y alojamientos turístico, pues estos países tan poco dudosos de inframundo consideran que los viajeros pueden acceder a guías y páginas web que hacen evaluaciones personalizadas de su oferta hotelera. En varios países de la UE se aplican habitualmente un sistema nacional de clasificación obligatoria, salvo en España, Italia y Bélgica, donde los sistemas de clasificación están descentralizados y cada región o provincia autónoma regula sus propios hoteles.

La mayoría de los países (17) posee un sistema con una lista de criterios mínimos que se complementan con determinados criterios opcionales. Centrado en el rango de tres estrellas oficial, el estudio de ECC-Net presenta unos datos que no tienen desperdicio:

  • En la mayoría de los países (18), a los hoteles de tres estrellas se les exige un servicio de recepción permanente, o, por lo menos, un servicio de acogida temporal (un empleado en horas extras).
  • En casi todos los países se ofrece acceso a Internet, aunque no necesariamente en las habitaciones.
  • En 25 países están obligados a aceptar una tarjeta de crédito o débito como medio de pago.
  • En 19 países los empleados de la recepción deben hablar un idioma extranjero, además de la lengua nacional.
  • En todos los países han de proporcionar servicio de desayuno y, en 17 países, también  Sigue leyendo

Otra manía clasificatoria

Me ha dado un ataque de risa, entre el jolgorio de las sacudidas andinas, leer esta mañana que el máximo responsable para España de los hoteles Intercontinental (IHG) declara no entender por qué tenemos el euro y no una clasificación hotelera común en la Unión Europea. Es un tema reiterativo en mis disquisiciones hoteleras, pero conviene volver de vez en cuando a él para no perder ripio de lo que se dice fuera de este Foro.

starsEn la opinión de Luigi de Rosa, que así se llama su director general, cuesta trabajo entender cómo la Unión Europea ha llegado a tener una moneda común y no es capaz de unificar los criterios en lo que a clasificación hotelera se refiere. Y añade como argumento que su compañía ha desarrollado sistemas “a nivel económico, de calidad, en lo que se refiere a satisfacción de los clientes y de los empleados, que les permiten tener una comparación interna muy buena”, lo cual se supone debería ser extrapolado a otras compañías y a otros hoteles independientes.

Sí, es verdad. Cuesta trabajo entender cómo se ha llegado con facilidad a imponer el euro como moneda común y no a una normalización de estrellas. Como cuesta también entender la falta de una clasificación unificada de bombonerías, que tienen su corazoncito ellas también. Ni que en toda la Unión Europea aún no se haya impuesto una clasificación oficial de verdulerías, o de supermercados, o de tiendas de moda, que la hay de mucho lujo y también de pingos. Y qué me dice Luigi de los bares, de nuestros muy entrañables lugares, que seguramente obtendrían más estrellas que en Noruega o Dinamarca, pues allí hay que buscarlos siempre con lupa. Tampoco están normalizadas las zapaterías, y no admito chanzas patrias con ellas, que aunque no merezcan las 5 GL los Timberland me sientan a mí como un guante y no me los cambio por otro Ariel aunque me llamen pijo.

En efecto, nos queda mucho todavía mucho por clasificar y normalizar en la Unión Europea soviética que desean algunos. Lo peor es que a los ejecutivos de multinacionales que piensan así ya no les queda ni siquiera China. Porque imaginémonos por un momento, en lo que dura un seísmo de 6º, que a Bruselas le diera la ventolera de clasificar a todos los hoteles europeos. Por precio, que suele ser el patrón más fiable por democrático, si la media española por habitación (Trivago Hotel Price Index) está hoy en 85 euros y la suiza en 155 euros deberíamos colegir que un cinco estrellas suizo se correspondería con un dos estrellas español. Y si la media en Madrid reside en 97 euros frente a los 153 euros de Milán, por lo mismo deberíamos entender que si el Milan Grand Hotel Duomo acredita sus 5 estrellas, en una clasificación europea como la que pide Luigi de Rosa el hotel Intercontinental Madrid no merecería más de 3 estrellas.

Creo que ahora empezamos a entendernos.

Fernando Gallardo |

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