Madrid de chiste

madridLa carga más pesada de un cargo público es el trabajo. Aunque parezca de perogrullo, lo más tortuoso de su función es tener que funcionar. Y, además, exhibir su trabajo ante los demás, especialmente en periodo electoral. Porque una autoridad política, una vez celebrado su nombramiento, debe enfrentarse al escrutinio público con la misma exigencia que la de un escritor cuando se pone delante de un papel en blanco o de la pantalla (blanca) de su ordenador personal. Lo perverso de este trance es la obligación de producir resultados, que desde la óptica administrativa consiste más que nada en generar, modificar o reeditar un cuerpo normativo. Reglamentar, normalizar, regular las actividades de los ciudadanos.

A veces, el capítulo se extiende hasta los límites casi siderales de una novela. La fiebre reglamentista conduce inexorablemente a la regulatitis o manía por regularlo todo, aunque no haga falta. Esta enfermedad no tiene color político. Ataca a todos por igual. Y Sigue leyendo

Hoteles diseñados por sus usuarios

dedoabajo dedo arriba

Que las Administraciones públicas sigan empecinadas en mantener unos sistemas de clasificación hotelera inventados décadas atrás es bisoño y, si se me permite, incluso extravagante. Que la calidad de una experiencia turística se mida por los metros cuadrados o que la exigencia para su promoción tenga que ser un teléfono fijo instalado junto a la cama no es menos estrafalaria que la imagen de una mujer hincada de hinojos en el pavimento con una bayeta en la mano. Aquello se acabó, y el sector no parece darse aún por enterado.

En múltiples ocasiones hemos sostenido que hoy la categoría de un establecimiento la otorgan los clientes, por fin reunidos torno a una misma mesa, llámese Tripadvisor, Booking o Airbnb. Y lo demás es opereta, zarzuela para los españoles (con todos los respetos para este antiguo y popular género musical). Sampha, The Killers o The Orwells esgrimen una opinión más en la onda millennial que si el lujo se expresara por un salón de peluquería en el hotel.

Así lo ha entendido el CEO de Loews HotelsPaul Whetsell, cuando encargó a su equipo de diseño la renovación del Loews Regency de Nueva York conforme a las quejas Sigue leyendo

En lugar de llorar, sonreír

Kike SarasolaLa noticia turística de la semana —si no del año— en España ha sido la creación del portal BeMate.com por parte del empresario hotelero Kike Sarasola, propietario de la cadena RoomMate. Una idea novedosa que añade leña al fuego originado por la plataforma norteamericana Airbnb de alquiler temporal de viviendas particulares, que ha provocado la ira del sector hotelero y prohibiciones tan insólitas como la del Gobierno español, resuelto a modificar de urgencia una norma con rango de ley, la de Arrendamientos Urbanos. Si el asunto de los alquileres alegales —salvo en aquellos lugares en que están expresamente prohibidos y, por tanto, son ilegales— está hoy que arde, la iniciativa de Sarasola genera controversia y fracciona al sector hotelero en dos posturas radicalmente opuestas. Las que se manifiestan claramente en contra por traicionar el espíritu hotelero tradicional y las que tildan al empresario de genial por su declaración de que todos los apartamentos comercializados por BeMate serán legales.

Cierto es que el producto desarrollado por Kike Sarasola no es una novedad. Algunos hoteleros ya contaban con una red de apartamentos comercializados conjuntamente con su hotel, y no solo en núcleos urbanos. Es conocido el caso de una gerente de Paradores Sigue leyendo

Las mismas reglas para todos

las mismas reglas para todosLiberté, égalité, fraternité. ¡Qué bonitas palabras emergieron de la Revolución Francesa! Aunque no fueron adoptadas como lema oficial hasta el advenimiento de la Segunda república, su espíritu democrático redimió la primera proclama revolucionaria, que no fue otra que “liberté, égalité, fraternité, ou la mort!” (¡Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte!). Las mismas reglas para todos o la muerte.

El discurso igualitario cobra vigor en esta nueva sociedad digital que estamos creando como una respuesta atribulada de los viejos gremios al agravio que supone para ellos la irrupción de las nuevas tecnologías creadoras de nuevas actividades, muchas de ellas competitivas con las vigentes, cuando no claramente sustitutorias. La tasa Google, las trabas a Amazon, Airbnb, Uber, etc. no son más que la expresión de los viejos recelos ante lo nuevo, el temor de un mundo frágil por sumergirse en lo desconocido.

Y eso tiene despistados a muchos de nuestros conciudadanos. No solamente a la clase política, sino también a los jueces, como lo prueba hoy el pimpón al que están jugando en Sigue leyendo

De la economía sumergida a la emergida

Millones al abrigoUna visión perversa de la economía colaborativa se está instalando estos días en la sociedad. Su autoría reside en las patronales hoteleras, que ven el fenómeno creciente del alquiler de viviendas particulares como una amenaza a su status quo vigente. En España, la patronal CEHAT canaliza esta visión con algunos ingredientes surrealistas, propios de un país que ha sido la patria de Dalí. Su secretario general, Ramón Estalella, pide a las autoridades que se regule este alquiler bajo la figura de una agencia de viajes y se obligue a su principal promotor, Airbnb, a inscribirse obligatoriamente en el registro de agencias de viajes. Porque esta actividad de alquiler entre particulares, sostiene Estalella, incurre en lo que se denomina “economía sumergida”, esto es que comete fraude fiscal.

Por supuesto que las posibilidades de considerar el alquiler de viviendas particulares como una actividad de intermediación turística no tiene visos de prosperar. No porque el legislador, desmenuzando la actividad, considere que una empresa cuyo negocio es poner en contacto al propietario de una vivienda y su inquilino temporal no pueda ser Sigue leyendo

El huésped no tiene la culpa

El huésped no tiene la culpaLa dura contestación a mi artículo Mal servicio con nocturnidad y alevosía, escrito el pasado 17 de junio pero resucitado sospechosamente dos meses después, debe conducirnos a una nueva reflexión sobre el trabajo de recepcionista de hotel. No entro a valorar los numerosos exabruptos recibidos —y no publicados—, ni siquiera a criticar la dislexia contestataria de quienes se esfuerzan en la sátira de frases y ejemplos contrarios a los expuestos en el artículo. Se comprende que la ofuscación de su lectura les ha llevado a interpretar el texto en las antípodas de cómo está escrito.

Así, la befa en torno a la factibilidad de que un familiar o amigo del recepcionista acudiera en su ayuda para resolver el problema de la huésped fue iniciada sin advertir que el párrafo siguiente invalidaba tal posibilidad mediante su inicio:

Sin embargo, la solución más adecuada a este problema obliga a la previsión de todos los problemas que pudieran ocurrir en un hotel y haber almacenado, en el botiquín pertinente, aunque no preceptivo, las compresas solicitadas por ser algo de interés general y de uso bastante habitual entre los clientes de sexo distinto al del recepcionista o el encargado del almacén.

La ocurrencia a la hora de sugerirlo por mi parte no fue una banalidad, pues sucedió ante mis ojos una vez en un hotel asiático en que el recepcionista recurrió a un familiar suyo Sigue leyendo

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