A pesar de que el mundo hotelero ha terminado por asumir positivamente las reglas de juego en Internet… A pesar de que nuevos conceptos como el SEO, el SEM y la reputación online protagonizan a diario la agenda del buen hotelero… A pesar del interés y dedicación que muchos directores y propietarios le prodigan a las webs de opiniones, como Tripadvisor o Trivago… Siempre queda, en privado o en voz alta, la indignación que producen en el sector turístico los comentarios falsos o el vociferio troll de la calle digital. No digamos cuando ese comentario es resultado de un chantaje por el cual se comnina a un establecimiento turístico a otorgar cierta gratuidad o ventaja porque, de lo contrario, recibiría una crítica adversa en cualquiera de los portales turísticos en la red.
Es difícil avanzar un diagnóstico de las falsedades existentes en este terreno. Sin embargo, algunas consultoras independientes elevan hasta un 30% la cifra de los comentarios probablemente falsos en Internet, lo que hace prácticamente imposible su detección. Es demasiado el trabajo que realizar en el discernimiento de lo verdadero y de Sigue leyendo

Algunos países tienden a fomentar que los ciudadanos se deban al servicio del Estado. Da igual que su titulación les acredite como funcionarios al frente de los servicios públicos o emprendan un negocio para el cual les quepa exigir subvenciones a fondo perdido o préstamos en condiciones favorables. Ambos cumplen las reglas de oro del Estado próvido y aceptan que de su poder ejecutivo dimane la política económica en aras de un anhelado bienestar colectivo e igualitario. Las instituciones públicas se convierten así en la primera empresa del país, y nadie moverá ficha a la espera de sus grandes decisiones políticas y monopolísticas.
Caen en mis manos varias de estas cajas que se venden en los hipermercados junto a las legumbres y los calzoncillos al por mayor. Todas preciosas, envueltas en celofán, blancas o de colorines, como si el súper quisiera con ellas sustituir el contenido de aquellas góndolas antaño repletas de cedés musicales, música hoy pirateada también al por mayor en webs de infernales garabatos. O tal vez sí, eso es justamente lo que pretenden los jefes departamentales del retail. Un reemplazo camuflado de aquellos discos con los que vibramos en nuestros años sin Internet. Un sutil trueque del valor música por un más actualizado valor hotel, restaurante, balneario, acuario, squad, surf, bicicleta, patinete o experiencia sin igual.
Ayer leí el enunciado de un debate en LinkedIn con el siguiente arranque: «Me he unido a este grupo porque me ronda hace mucho tiempo el crear un hotel con encanto… ¿Es una idea disparatada?» Lo firmaba