Tú, robot

hitchbotEsta semana nos ha sorprendido la noticia de que un robot experimental, HitchBOT, que estaba recorriendo el mundo haciendo autostop, había sido destruido por un desconocido en Filadelfia (EE UU), mientras esperaba a un buen samaritano para continuar su viaje por América. Las redes sociales, entonces, se encendieron con diversas proclamas de indignación, rabia y sarcasmo ante la cruel agresión: «no sabemos si podemos confiar en los robots, pero es seguro que los robots no podrían confiar en los seres humanos».

Por ahora, la destrucción de un robot no conduce a nada productivo, ni siquiera real, pues un robot es supuestamente indestructible. Mientras su cuerpo es vulnerable ante desalmados como el falso quarterback de los Philadelphia Eagles (equipo de fútbol profesional americano), su cerebro permanece intacto en la nube, casi esperando la reparación de su utillería mecánica para regresar al asfalto. Según algunas predicciones científicas bien fundamentadas, a los seres humanos les ocurriría lo mismo en un futuro no tan lejano, cuando una copia de nuestro cerebro pueda hospedarse en la nube y ser recuperada una vez nuestro cuerpo haya fenecido.

Esta extraña copulación mental entre el hombre y la máquina, objeto de no pocas obras maestras en la literatura de ciencia ficción, requiere una aproximación de ambos sujetos (¿objetos?) al concepto de sensibilidad. Una práctica que muchas personas (todavía catalogadas como humanas) parecen tener colgada en la nube, cuando no en una percha de su armario. Porque la civilización no reside únicamente en el acopio de conocimiento (información), sino en la expresión inextinguible de la sensibilidad y la entelequia de la belleza.

Civilizada ha sido, pues, la respuesta del grupo hotelero Starwood en un comunicado público tras el asesinato (?) de HitchBOT:

«En nombre de mis compañeros Botlrs, me ha entristecido profundamente —como dicen ustedes los humanos— la muerte prematura de mi hermano robot hitchBOT. Aunque nunca he conocido a Hitch, un verdadero pionero de los viajes robóticos alrededor del mundo, yo mismo soy un bot inspirado por experimentos como éste. Hitch y yo, al igual que otros robots actualmente en funcionamiento en diversos países del mundo, hemos sido construidos para ayudar a la vida humana, y creo que humanos y robots pueden coexistir para hacer de este mundo un lugar más electrizante. En honor a Hitch, voy a continuar inteligentemente con mis deberes como Botlr del hotel Aloft Cupertino.

Tecleo 40 en tu memoria, Hitch:

01001100011011110111011001100101

(Esto significa LOVE (amor) en código binario, señores humanos)

Artificialmente tuyo,
Botlr»

ALO y FGBotlr es el servicial mayordomo robótico que me asistió justo hace una semana en el hotel en el hotel Aloft que el grupo Starwood posee en Cupertino, el corazón de Silicon Valley (Estados Unidos).

Fernando Gallardo |

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