Aprendiendo a vivir la historia

auberge ravoux

En su desnudez cobra vigor la imagen. En el desgaste de la madera, en las grietas de la pared, en el rusticismo de los zócalos, radica el valor histórico de esta habitación de hotel. En la extraña soledad de la silla, en medio de ninguna parte. En la luminosa, pero enigmática, claraboya de la buhardilla. En sus colores desvaídos. En la penumbra del observador, que proviene de no se sabe dónde.

Aparentemente, la habitación 5 del Auberge Ravoux, en Auvers-sur-Oise (Francia), está necesitada de una buena reforma. No resistiría ninguna mala crítica en TripAdvisor o en la sección Dormir de El Viajero de EL PAÍS. Su valor arquitectónico es cero. O cercano al cero. Y, sin embargo, ni los actuales propietarios del hotel estarían dispuestos a rescatarla de su centenaria decadencia. Aquí vivió durante 69 días y murió, el 29 de julio de 1890, Vincent van Gogh.

El valor del patrimonio histórico artístico a preservar radica en la continuidad de su presencia física, aunque la extinción de su uso negaría el aforismo vitruviano (firmitas, utilitas, venustas) de toda obra arquitectónica. Demasiadas construcciones históricas y contemporáneas anteponen la estética a su utilidad, así como incrementan su representatividad a través de composiciones estilísticas u ornamentales, sin que ello niegue su esencia arquitectónica. Solo la desaparición de la utilitas muda la arquitectura por la escultura. O, en el caso de piezas con valor histórico, la arquitectura viva por la arqueología.

Si acudimos a John Ruskin, una imagen como la de la habitación de Van Gogh en el Auberge Ravoux se comporta como un transmisor cultural que alimenta la belleza abstracta de las cosas, sin otra consideración que la formal, auténtica y antropológica. La relación establecida con los espacios arquitectónicos determina la experiencia final en su ejercicio utilitario, interpretativo o simplemente contemplativo. Opuesto a esta visión, Eugène Viollet-le-Duc prioriza en sus restauraciones la mejora del estado original de la estructura sobre los elementos decorativos, tanto que el examen crítico inicial de sus trabajos encuentra su origen en el estudio arqueológico del lugar. «El estilo es a la obra de arte, lo que la sangre es al cuerpo humano», explicó en su Diccionario razonado de la arquitectura francesa (París, 1868).

auberge ravoux salle a manger

De ahí que surjan tantas dudas a la hora de abordar el futuro de estos legados históricos, como la habitación 5 del Auberge Ravoux, en tantos hoteles patrimoniales que están empezando a configurar un nuevo turismo en el mundo basado en la personalización de las experiencias y en la diferenciación de los recursos. Si importante es la conservación de la obra arquitectónica, definidora de la forma y de la técnica constructiva, no menos relevante es atender a su calidad espacial, que define los usos y la ideología habitacional en los sucesivos momentos de su existencia.

¿Intervenir en la habitación para hacerle sentir al huésped la agonía que vivió Vincent van Gogh en sus últimos dos días de cama o utilizarla como un museo para su obra, detenida en el tiempo, previo paso por taquilla?

Una aproximación a la respuesta ya nos la adelantó en el siglo XIX el escritor y crítico de arte británico John Ruskin: «Podemos vivir sin arquitectura y practicar el culto sin ella; pero no podemos recordar sin su auxilio».

Fernando Gallardo |

auberge ravoux facade

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