He vuelto a La Ruina Habitada desde la sierra de Mampodre, al norte de León, donde me he machacado lo poco que ya me faltaba por machacar en una interminable semana de excursionismo a pie cabal. Pico de la Cruz, pico de las Castellanas, puerto de Ventanielles, Vegabaño, de La Uña a Soto de Sajambre… En fin, algo agotador pero absolutamente recomendable. Para todos, incluso para los más perezosos.
¿Dónde nos hemos alojado el grupo de amigos que íbamos y yo? Pues a lo mejor que nos hemos encontrado. Nada para turbar los sentidos. En Acebedo estuvimos en El Sol de Mediodía: una casa rural bastante corriente cuyo plato fuerte nos pareció la atención dispensada por su propietaria, Esther. Agosto y la casa estaba vacía… En Soto de Sajambre nos hospedamos en el Hostal Peñasanta, bastante vulgar y, sin embargo, encontramos abarrotado de excursionistas. Alguien me puede recordar aquí el lema del imperator de la hotelería mundial Conrad Hilton: localización, localización, localización… De acuerdo, Acebedo no puede competir con Soto de Sajambre, un mito en la montaña como otros pocos señalados con el dedo en los Picos de Europa: Bulnes, Cabrales, Caín, Posada de Valdeón, Oseja de Sajambre… El Hostal Peñasanta no es un destino turístico, pero Sajambre sí. La pena es que ni Acebedo ni su casa El Sol de Mediodía lo sean. La solución, pues, estriba en crearlos.
¿Qué argumentos tiene Acebedo para convertirse en un destino turístico de cierta importancia? Habida cuenta de que es base de partida para las excursiones al macizo de Mampodre, en tanto estas montañas sean un reclamo para los senderistas el argumento de Acebedo pesa poco. ¿Acaso existen más posibilidades de que El Sol de Mediodía lo sea? Sí, naturalmente. Pero su propietaria debería antes imaginar un no-lugar, en lugar de esa casa rural tan gustosa como las otras 40.000 que existen en nuestro país. Ya lo hemos discutido en nuestras jornadas. Lo que El Sol de Mediodía debería afrontar para no quedarse vacío el mes de agosto (no digamos ya en invierno, ni en estos tiempos de crisis…) es competir con otras casas rurales, con otros alojamientos de montaña, no por ser el mejor, sino por ser único.
Aquí sí que hay milagro: be different, Esther!
Fernando Gallardo
Esto es lo que son todos los hoteleros, arquitectos y diseñadores -y algún que otro consultor turístico allende los mares- que durante esta última semana se han suscrito a este foro. El otro día comprobé la estadística, por aquello de saber cómo nos va en el recién nacido de Internet, y resultó que unos 600 profesionales de la cosa habían husmeado el olor de lo que aquí se está cociendo. Pues muy bien, ¿no?
A mediados de agosto saltaré al desierto de Atacama con la intención de echar un vistazo a un nuevo hotel propiedad de Miguel Purcell, uno de los empresarios chilenos más audaces y que me acompañará después en nuestro Taller de Arquitectura de los Sentidos, que se celebrará en Valparaíso. Conocí a Purcell hace 15 años, en el hotel que hizo construir su padre en la estación chilena de Portillo, donde se llega a esquiar a 5.000 metros de altitud. Ahora su hijo se ha destetado con este deslumbrante visor del desierto atacameño, el hotel Tierra de Atacama, en los exteriores de la pintoresca localidad de San Pedro de Atacama. Cuando lo vea prometo contar en esta página cómo ha sido la experiencia y si colma todas mis expectativas.