Constituido como respuesta a la crisis financiera global y, especialmente, al declive del modelo turístico tradicional en España, la Agrupación de Interés Económico (AIE) de la Ruina Habitada ha tenido una vida corta. Su escaso presupuesto, la sequía pública y privada en su financiación, así como algunas disensiones internas, no han permitido la viabilidad de un proyecto que nació como instrumento de cooperación entre empresas turísticas y hoteleras, en particular. Sin el objetivo primordial cumplido, lo mejor es dar carpetazo al clúster y tramitar su disolución legal.
Pero el futuro de la innovación hotelera, tampoco exento de obstáculos, anuncia una brisa fresca en las ideas, los ánimos de positivismo, la disrupción conceptual y en el ánimo de numerosos empresarios del sector hotelero que me han transmitido su deseo de continuar participando en las dinámicas de innovación, cooperación y diferenciación turística. Por eso nos hemos dado un tiempo para reconsiderar la disolución del clúster y Sigue leyendo
Definitivamente, la crisis está golpeando los bolsillos y también las meninges de muchos españoles. No puede ser cierto que al Partido Popular se le haya ocurrido, después de contradecir su programa electoral con la reciente subida del IVA y tolerar los exabruptos del ministro Soria sobre la nacionalización del turismo, un proyecto de ley en Murcia que multaría con hasta 1.000 euros a los trabajadores del sector hostelero que se muestren antipáticos, desagradables o malhumorados cuando atienden a la clientela. No resulta creíble porque, en primer lugar, es una solemne chuminada y sería un engaño para la ciudadanía que sus gobernantes empleasen el tiempo en decir chuminadas en vez de en trabajar seriamente. Y, en segundo lugar, porque esa ley sería claramente inconstitucional.


