La repentina inteligencia de un termostato

Es la noticia del día: Google ha adquirido la compañía Nest, especializada en termostatos inteligentes, por la friolera de 3.200 millones de dólares pagados en metálico. Puede sonar a broma traerlo a colación en este foro que no es de Bolsa ni de economía mundana. Lejos de mí toda intención de confundir al lector. La compra de Nest no hace sino confirmar una de las tendencias anticipadas hace poco en este mismo foro: el Internet de las Cosas irá tomando vuelo en la industria turística durante el año presente, aunque sus resultados definitivos aún tardarán en ser de uso común por parte de los consumidores.

¿Qué significa ese nuevo y rebuscado concepto? La lógica de la nueva era digital y la derivación de todos los procesos industriales hacia la impresión en 3D, junto al abaratamiento progresivo de los microchips y gadgets tecnológicos, permitirá que en el plazo de una década, no mucho más, todos los objetos que nos rodean estén conectados y sean sensores privilegiados de nuestra realidad. Al igual que hoy muchos de nosotros somos ya sensores activos a través de los teléfonos inteligentes.

¿Y qué aportará este mundo de dispositivos conectados a la industria turística? Imaginemos el futuro termostato Google, desarrollado y fabricado por su división Nest, la empresa adquirida por el gigante norteamericano, instalado en las habitaciones de un hotel, no muy diferente de los actuales termostatos o detectores de humo. En un primer momento, el huésped podrá activar mediante una aplicación Android (esperemos que también en IOS) el termostato dos horas antes de su llegada con la temperatura ambiente deseada, evitando al servicio hotelero gastar tiempo en hacerlo, explicar luego su funcionamiento o estandarizar su uso en todas las habitaciones y espacios comunes del establecimiento. En un momento posterior -y ahí es donde Google demuestra su verdadero interés al comprar Nest-, gracias al Big Data, el sistema reconocerá al huésped y activará el termostato justo cuando lo necesita y a la temperatura adecuada. No a la temperatura de su gusto, que sería lo fácil, sino a la temperatura adecuada para el perfecto funcionamiento de su organismo. ¿Cómo ello? Gracias a que se habrán conectado dos dispositivos de uso corriente en un futuro próximo: el sensor físico del cliente y el sensor ambiental de la habitación. Uno informará al otro. El otro informará al uno. Y ambos al sistema de gestión, que procesará los datos al instante para climatizar debidamente el espacio.

Éste es solo un ejemplo de las ventajas que empieza a proporcionar el Internet de las Cosas o un mundo interconectado mediante la tecnología digital. Podemos imaginarnos muchas cosas más a lo largo de la estancia de un viajero cuyas necesidades serán cubiertas por un sistema inteligente de sensores como el de Nest y cuyos deseos deberán ser anticipados, gracias también a la tecnología, por una plantilla humana dedicada a practicar liturgias emocionales en vez de servicios mecánicos y aburridos.

La tecnología acude, una vez más, en rescate de las personas, las redime de su alienación y les ofrece lo más prometedor para una vida inteligente: la creatividad. ¿Cómo resistirse al paraíso en una industria, la turística, cuya mejor promesa es el propio paraíso?

Fernando Gallardo |

3 comentarios en “La repentina inteligencia de un termostato

  1. Después de esta lectura que nos regala mi tocayo y que siempre consigue sorprendernos, me viene a la cabeza un comentario simpático: Estaban dos amigos y uno le enseñaba al otro un ordenador que era lo último en el mercado y le decía: ¿Has visto que máquina me acabo de comprar? Es lo último. Te responde a cualquier pregunta que le hagas, cualquier duda que tengas te la resuelve. El amigo incrédulo, le decía: Bueno no será para tanto. ¿Qué no? Pregúntale algo. El amigo se armó de valor y preguntó a la máquina: ¿Me puedes decir dónde está mi padre? La pantalla parpadeó un momento y pudieron leer: Tu padre está muerto.
    Sorprendido, respondió: ¡pues vaya trasto que te han vendido!. Acabo de ver a mi padre y estaba pescando. El amigo, dijo: Vamos a pedir a la máquina que nos de una explicación.Así lo hicieron y al cabo de unos segundos se pudo leer en la pantalla: El padre de tu amigo está muerto, el marido de su madre está pescando. Moraleja……

  2. Un alegre comentario de nuestro amigo Terán que siempre nos reconforta y le agradecemos por su positivismo. La moraleja también podría ser: si eres alguien alegre, las máquinas solo te proporcionarán alegrías.

  3. Mientras caminamos por la vida dejamos huellas… Es inevitable, dejamos rastro cuando buscamos y rastro cuando escapamos… que la tecnología nos posibilite atajos en nuestro camino, no tiene por qué significar que nos espíe y deje expuesto lo esencial de nuestro destino privado, sencillamente nos ahorrara tiempo…que es lo único que nos limita realmente en la vida que la tecnología nos ayude a discernir que ruta nos conviene más seguir es un atajo hacia la felicidad. No lo considero una merma de privacidad.

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