Europa a favor de la economía colaborativa

unwtovilnius

Como ya he anunciado a través de las redes sociales, regresé esta semana de Vilna (Lituania) con un buen sabor de boca respecto a la economía colaborativa del turismo. Me cupo el honor de ser invitado por la Organización Mundial del Turismo (UNWTO), organismo de la ONU encargado de esta materia, a pronunciar un discurso y moderar un panel de debate en torno a las nuevas modalidades económicas del turismo con ocasión de su 60ª Asamblea para Europa. Fui preparado para discutir en profundidad sobre el nuevo fenómeno, consciente de haber sido invitado por el rol defensor de las plataformas colaborativas que he venido ejerciendo en los últimos años frente al retrógrado inmovilismo del gremio hotelero en casi todos los países del mundo. En el debate me llevé la sorpresa de constatar un importante giro en la percepción del fenómeno, no solamente por parte de los hoteleros, sino también por las autoridades turísticas europeas.

Me acompañaron en el panel la máxima responsable de la regulación turística en la Comisión Europea, Krisztina Boros; el director de marketing turístico de Holanda, Jos Vranken; el presidente de la Cámara de Comercio de la República de Lituania, Linas Zabaliunas; el presidente de HOTREC (Asociación de Hoteles, Restaurantes y Cafés de Europa), responsable al mismo tiempo del sistema de clasificación europea Hotelstars Union, Christian de Barrin; y la responsable europea de la plataforma Airbnb, Sofia Gkiousou.

Tanto durante el debate público, asistido por numerosos ministros de turismo de los países integrantes de la OMT-UNWTO, como en los pasillos del hotel Radisson Blu Vilnius, donde se celebró el encuentro internacional, el sentimiento generalizado era que el alquiler turístico de viviendas particulares es un fenómeno desbordante, una realidad incuestionable y, más que aceptarlo, el desafío consiste en cómo aprovecharlo desde la óptica institucional y empresarial. Ya nadie se cuestiona su existencia, ni mucho menos su prohibición. Ahora toca integrarlo en el sistema y ayudar a la ciudadanía a disipar sus temores respecto a esta nueva actividad económica que amenaza lo establecido, el turismo hiperregulado y la obsesión institucional por la protección de los derechos de los usuarios.

Un deseo común de los panelistas fue urgir a la Comisión Europea a pronunciarse afirmativamente sobre la economía colaborativa, si no a través de una directiva específica sobre las viviendas turísticas, al menos en la publicación de unas directrices no vinculantes a los Estados para que modifiquen sus actuales reglamentos o relajen las limitaciones impuestas al libre emprendimiento. Por ejemplo, el levantamiento de la prohibición existente en las islas Canarias para el alquiler de viviendas en zonas turísticas, las absurdas condiciones aprobadas hace unos meses en Cantabria o la mistérica limitación de los seis días al alquiler turístico impuesta por la Comunidad de Madrid, que está siendo recurrida ante los tribunales por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

Krisztina Boros destacó su preocupación por la disparidad de criterios que percibe Bruselas en los 28 estados miembros y anunció que a principios de junio 2016 la Comisión Europea se pronunciará sobre los requisitos de acceso al mercado de las viviendas turísticas, la entidad responsable en caso de conflictos, el marco común de protección al consumidor, el estatus laboral de quienes trabajan en estas actividades y la fiscalidad de esta modalidad económica, que quizá se haga extensiva también al ámbito del transporte, aunque no en fecha tan inmediata. Precisamente una de las mayores discrepancias británicas a la hora de frenar el Brexit en las recientes negociaciones con la Unión Europea se encuentra en la oposición del Reino Unido a tales limitaciones. Cabe recordar que tanto Airbnb como Uber son perfectamente legales en este país.

La Comisión Europea considera esta modalidad económica como una fuente de potencial crecimiento y creación de empleo en una Europa estancada. El fenómeno colaborativo favorece el acceso al mercado de pequeños negocios europeos que hoy no encuentran acomodo en este estancamiento económico, así como concita en torno a las personas físicas y jurídicas unos mejores cimientos para una economía inclusiva y progresista. Dicho organismo no se sustrae, sin embargo, a la dificultad de conciliar en estos primeros momentos los intereses de los colectivos afectados, hoteles y taxistas, con el naciente de los propietarios de viviendas y vehículos particulares. La carta orientativa establecerá probablemente unos plazos de transición para la adaptación de los sectores tradicionales a la modernidad.

Estamos, pues, más cerca que nunca en Europa de la aceptación popular de una economía más justa y sostenible basada en el aprovechamiento de los recursos ociosos, de la libertad transaccional entre individuos y empresas, así como de la igualdad de oportunidades tanto para las personas físicas como para las jurídicas.

Los últimos resultados presentados por las distintas asociaciones hoteleras alejan todos los temores de una competencia desleal y sumergida. Los beneficios hoteleros han crecido como nunca en 2015 y tienden a batir nuevos récords en 2016, no solamente en Europa, sino también en estados Unidos y otros países con fuerte desarrollo turístico. Ello como resultado de una creciente demanda que encuentra, ahora sí, la modalidad de alojamiento que mejor se ajusta a sus intereses o necesidades de viaje.

Estos resultados desmienten los peores augurios emitidos por los lobbies hoteleros sobre la amenaza de la economía colaborativa. Gracias a la explosión de las viviendas turísticas han explotado, por sinergia, los beneficios hoteleros. Porque todos sabemos ya que el viajero solitario que reserva una noche de hotel tal vez prefiere contratar una vivienda particular cuando viaja en familia. Y quien reserva una estancia en Airbnb puede optar días después por una habitación Marriott, Meliá o Roommate Hotels si debe gestionar un encuentro de negocios en el corazón de alguna ciudad. No es la misma cosa, pero tampoco la opuesta. Hoteles y viviendas turísticas se complementan, como venimos sosteniendo en estos últimos años, son indisociables como unidad de negocio turístico y tienden a fusionarse como los alojamientos multimodales que se avistan en un horizonte próximo.

La Comisión Europea ha puesto el dedo en la llaga y no tardará mucho en pronunciarse. Los enemigos del gremio hotelero no son las plataformas tecnológicas ni las viviendas particulares. Los enemigos del gremio hotelero son aquellos hoteleros que se oponen a la economía colaborativa como fuente de negocio inducida en su propia economía.

Porque todos sabemos que no hay peor enemigo para el buen nombre que una mala reputación. No hay peor enemigo para un hotel que un hotel malo.

Fernando Gallardo |

2 comentarios en “Europa a favor de la economía colaborativa

  1. Pingback: Nuevas oportunidades para la industria turística | el Foro de la Ruina Habitada

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