Economía colaborativa financiera

apulia

El fenómeno mundial de la economía colaborativa no acaba en Uber y Airbnb, dos plataformas que han logrado destacar sobre el resto (y son miles) gracias al esfuerzo persistente y entusiasta de los lobbies hoteleros y los taxistas. En numerosos sectores esta modalidad de intercambios económicos está irrumpiendo con fuerza y con propuestas tan innovadoras como disruptivas. Porque, cuanto más afán se pone en su prohibición, más se facilita su difusión.

Uno de estos sectores es el financiero, que provocará temblores en los cimientos bancarios, muy tocados por la última crisis global. La inversión en proyectos ya no dependerá exclusivamente de estas entidades, muy controladas por los gobiernos, sino de iniciativas colectivas libres de presiones institucionales. Es el llamado crowdfunding. O la posibilidad de crear una comunidad de usuarios en Internet que avale y sufrague cualquier proyecto a través de cuotas, acciones o participaciones sobre el producto a obtener. Dichas comunidades financieras, como hoy las comunidades de viajeros (TripAdvisor, Trivago, Airbnb), inician el proceso de sustitución del Estado en la protección de sus derechos al consumo y a la inversión. Se ve ya muy claro que la confianza en la comunidad de usuarios digitales es superior a la que la ciudadanía deposita en los bancos, del mismo modo que los comentarios y puntuaciones en las plataformas de reservas hoteleras infunden más garantía de veracidad que el sistema institucional de clasificación por estrellas.

Así iremos viendo en los próximos años el surgimiento de iniciativas de crowdfunding para la financiación de proyectos hoteleros, da igual que sean grandes o pequeños. Puede alguien objetar que esto no constituye ninguna novedad, pues los condominios y el time sharing de alojamientos turísticos existen desde hace muchos años, especialmente en los Estados Unidos. La novedad, empero, reside en algo palpable en la práctica cotidiana de plataformas como Airbnb. La diferencia está en la red social generada en torno a la plataforma tecnológica que, así sí, cambia las reglas de juego económicas y otorga mayor credibilidad a la inversión.

Habrá quienes reaccionen en contra de estas iniciativas acusándolas de competencia desleal al sistema bancario, de desorden ciudadano, de evasión fiscal y de ilegalidad manifiesta. Son los mismos que antaño clamaban en contra del voto femenino y actuaron para declarar ilegal (en España) la compraventa de un bien inmueble por cualquier representante de este género. Cuarenta años después sabemos que a éstos no hay que hacerles ni caso. Las leyes están para ser cambiadas cuando el entorno humano y tecnológico avanza cronológicamente.

Con este talante abierto al futuro, dos emprendedores escoceses, Kristin Lindenberg y Marcus Orbe, promueven una iniciativa de economía financiera colaborativa que apadrinará la construcción de un hotel con el nombre ya escogido de Amberlair. Ella ejercía en el grupo TUI como mistery guest de destinos y resorts turísticos. Él trabajaba para Lufthansa antes de entrar en Airbus como ingeniero de planificación estratégica del avión Airbus A380. Tras un parón de dos años en sus vidas, durante el cual emprendieron un largo viaje alrededor del mundo, se sentaron a diseñar uno de los proyectos pioneros de crowdsourcing en el segmento de los hoteles con encanto.

Pero…, ¿cuánto costará el proyecto? Y también, ¿cómo se llamará el hotel? ¿Dónde estará emplazado? ¿Qué capacidad tendrá? ¿Cuál será su business plan? Tales son las preguntas que se haría cualquier profesional hotelero de fábrica.

Consecuentemente con su iniciativa de economía financiera colaborativa, la respuesta no podía residir en ellos. A través de la plataforma 12designer.com lanzaron, en primera instancia, la pregunta que daría con el nombre del proyecto: Amberlair (Amber, de ámbar en inglés, expresa la translucidez y el carácter único de la resina fosilizada, de manera que no hubiera dos hoteles iguales en la expansión futura de su proyecto; Lair, de refugio secreto, como habrán de ser estos establecimientos, acogedores y relajantes). Después sometieron a votación en la comunidad surgida de esta iniciativa el lugar en que estará emplazado, que determinaría al mismo tiempo su capacidad y otros pormenores de su gestión futura.

La comunidad de #bohoLovers (amantes de los hoteles boutique, como ellos mimos la denominan) se decidió, en este orden, por Italia, España y Suráfrica. Así que buscaron un emplazamiento en el país transalpino hasta dar con una casa elegante de 1902 en Apulia, entre los Apeninos y el mar Adriático, una zona virgen con hermosas playas y viñedos en la que pronto comenzarán las obras. El hotel será inaugurado probablemente antes de 2020 y sus primeros clientes serán, necesariamente, los miembros de su comunidad de bohoLovers.

El siguiente paso será ampliar el proyecto con nuevas localizaciones en los cinco continentes, empezando por el siguiente en la lista, cualquier zona virgen de España. El liderazgo de esta iniciativa, por supuesto, les pertenece a ellos. Aunque se apoyarán siempre en su comunidad de usuarios y permanecerán a la escucha activa de sus ideas y sugerencias.

Si el manual de marketing recomienda escuchar siempre al cliente, el manual de la economía colaborativa del turismo eleva esta cláusula a su máxima expresión: escucha siempre a tu socio, que es la comunidad turística por antonomasia.

Fernando Gallardo |

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