El networking de la i latina

Probablemente no se requieren afinidades para hacer un negocio. Los países de la órbita anglosajona, y ahora también los asiáticos, establecen relaciones comerciales incluso con con países supuestamente enemigos. Salvo casos específicos y por motivos extra económicos, como es el caso de Cuba o Irán para los Estados Unidos. Los países latinos, sin embargo, arrastran una tradición más moralista a la hora de establecer puentes con el mundo. Estas costumbres cambian, y las nuevas redes sociales están para hacerlas cambiar del todo.

Es muy interesante manejar aplicaciones digitales como la que acaban de instrumentar la compañía de análisis de datos Stamen en conjunto con Facebook. A fin de conocer dónde se establecen los puentes de afinidad, o dónde puede resultar más fácil hacer networking, Stories es un mapa interactivo mundial de las amistades que describe el modo en que el Sigue leyendo

De qué reputación online hablamos

Hilton, en los albores de la hotelería industrial, decía que los tres factores decisorios en la elección de un hotel eran «location, location, location«. Con la popularización de la industria turística, el precio introdujo su cuña en las ofertas a gran escala de los turoperadores internacionales. La concentración empresarial y la formación de cadenas hoteleras de ámbito internacional vino a cerrar la triada con un nuevo protagonista: el factor marca. En ningún momento intervinieron, como muchos pueden creer, las estrellas. Entre otras razones porque no existe ninguna homologación internacional de las mismas y la parametrización de este modelo clasificatorio únicamente es fiable en la métrica de lo tangible (las instalaciones), nunca de la hospitalidad.

La inmersión de la industria hotelera en el mundo digital ha aportado un nuevo factor hasta ahora desconocido, aunque de refilón -y no en todos los casos- se pueda añadir al factor marca. Es la reputación online, lo que los clientes y desconocidos piensan, dicen y pregonan de un hotel en Internet. Hace gracia recordar la reacción unánimemente en contra de las nuevas herramientas de expresión popular que manifestó en su día la hotelería, en España y Sigue leyendo

Una boutique para la hospitalidad

No hace mucho, el New York Times publicó en versión para iPad un artículo de tendencias sobre esa perfecta ignorada que antaño existía en cualquier establecimiento hotelero que se preciase: ¡la tienda! Lo que llamó poderosamente mi atención fue descubrir que algunos hoteles en Estados Unidos vuelven a abrir pequeños comercios al público con tal de vender más y, lo que para mí consiste en un mejor argumento, conectar el hotel a la ciudad. Las veces que me han azuzado a dar ideas sobre este irresuelto doble reto, el de introducir el hotel en la ciudad y la ciudad en el hotel, no he podido dejar de responder lo mismo: una entrada rutilante y transparente, un restaurante gastronómico, un bar de copas donde ver y ser visto, un atrio lobby para lo mismo, la quinta fachada de noche, el alquiler por horas para un quicky, esos insoportables desayunos de trabajo que convocan algunas empresas poco productivas y, naturalmente, una tienda donde adquirir 24/7 esos antojos que todo el mundo tiene en su casa. Y no me refiero al cepillo de dientes Sigue leyendo

La coctelería tiene futuro en la hotelería

El año pasado reuní en Madrid a un grupo de ocho bartenders para debatir sobre la reinvención del bar, dentro del ciclo de Diálogos Mumm que se celebraron en el hotel Santo Mauro (me ahorro los engominados prefijos y sufijos que le ha añadido el acuerdo AC-Marriott). La temática parecía de lo más idónea si nuestro objetivo era, como lo fue, el afrontar una necesidad perentoria en los hoteles de España y quizá también de medio mundo. La necesidad de repensar el bar en la hotelería.

Pocas cosas han quedado más rancias en un establecimiento hotelero que el bar. Muchos de ellos, anclados todavía en la estética de los setenta, exhiben sus barras de formica y los suelos de falso mármol, a más de no servir a los huéspedes nada que se salga de la rutinaria cocacola, el cointreau con hielo, anís del abuelo y, si acaso, un sanfrancisco por único cóctel. De ello y de otras cosas hablamos durante tres horas largas (que incluía una comida deliciosa a cargo de Andoni Luis Aduriz y Juanjo López Bedmar) los siguientes expertos en esos qué lugares: Lorenzo Castillo, interiorista que ha decorado espacios tan sugerentes como el hotel Room Mate Lola, en Málaga; Diego Cabrera, propietario de Le Cabrera, uno de los más conocidos cóctel-bares de España; Óscar Durán, maestro del rutilante Glass Bar del hotel Urban; Javier Rufo, barman del Cock; Francesco Cavaggioni, barman de Belmondo; Carlos Moreno, barman Sigue leyendo

Qué se vende y qué se compra en un hotel

Hoy me he entretenido en un largo almuerzo con el director general del hotel La Mamounia, Didier Picquot, y nuestra coincidencia fue total a la hora de abordar varios temas de futuro en la hotelería mundial. Sin haber leído este Foro, ni haber participado en ninguna de las Jornadas de Innovación Hotelera que celebramos años pasados, Picquot intuía que uno de los grandes retos de su hotel para los próximos años era la adaptación de los espacios a los requerimientos de los nuevos viajeros, mucho más interesados que sus predecesores en la arquitectura de los sentidos. Los promotores hoteleros se equivocan al separar en su proyecto de inversión el trabajo del arquitecto y el del decorador, me precisó. Ambos forman parte de un mismo proyecto, realizan la misma actividad y deben coincidir en los mismos detalles para afinar el acabado de cualquier obra. Lo ideal, apostilló, es que arquitecto e interiorista sean la misma persona, el mismo pensamiento, las dos caras de un mismo arte.

Así es. O así debería ser. Roto el academicismo de la vieja escuela, la eficiente especialización de estas dos perspectivas del ars architectonica casi siempre me parece un empeño… ineficiente. Ambos, sin conocernos, nos habíamos preguntado en innumerables ocasiones para qué demonios sirve un decorador, un «vestidor» de interiores. Como si un fabricante de Sigue leyendo

Por unos hoteles más limpios

Seguramente usted sabe que millones de litros de agua y detergente se consumen todos los días en los hoteles del mundo para lavar las toallas que han sido usadas por sólo un corto tiempo. Como parte de nuestro compromiso por conservar el medio ambiente, cambiaremos las sábanas y toallas cuando sea necesario y a petición del huésped. Si desea que sus sábanas y toallas se cambien diariamente, solicítelo a la recepción del hotel.

Uno de los grandes retos que afronta la hotelería mundial atañe a ese neologismo tan evanescente como demagógico que es la sostenibilidad. Sin entrar a desmenuzar los fundamentos e incongruencias del llamado «triple balance» (económico, social, ecológico), reflexionemos un momento sobre las razones y las contradicciones de lo ecosostenible en un hotel.

En algún artículo de este Foro me he referido ya a las incongruencias en que incurren los alojamientos turísticos cuando, a través de un cartelito pegado a la pared del baño, abogan por un medioambiente limpio y demonizan la ablución de los huéspedes incitándoles a una guarrada mayúscula: quédese con las toallas sucias y, si no, déjelas tiradas por el suelo como si viviera en una pocilga. Ello, no en pensiones de mala muerte, sino en hoteles de lujo… Hemos parafraseado el ejemplo de Hyatt, pero igualmente podríamos citar el de Marriott: apoyamos el deseo de nuestros huéspedes de ayudar a proteger el medio ambiente, y por lo tanto, cambiaremos su cama cada tercera noche de su estancia. Pelillos a la mar…

Asociaciones sectoriales y marcas de calidad como Rusticae, Ruralka y otras se han apuntado también a la moda del marketing verde por los réditos publicitarios que se obtienen frente una clientela cada vez más concienzada, esto es verdad, de los problemas ecológicos y demográficos que Sigue leyendo