Viaje por lugares que llevan a un no-lugar

consolacion

A un tris de subirme al avión, el viaje que acabo de realizar por la costa mediterránea merece una seria reflexión. El turismo español está tocado y mucho, digan lo que digan los demás. Solo los viejos del lugar, de los múltiples lugares que he visitado, recuerdan un vacío tan grande en pleno mes de julio. No todos los operadores turísticos han funcionado por igual (de mal), pero a todos les ha afectado el bajón de la clientela centroeuropea, tocada como la española por la crisis financiera mundial.

Mi periplo se inició en Málaga con un lleno casi total en los hoteles de la ciudad, si se quiere previsible dado el retraso que ha sufrido la cuna de Picasso en explotar como destino turístico, absorbida por el sifón veraniego de la Costa del Sol. A veces conviene llegar tarde a los sitios que interesan: los discursos se han terminado y la mesa congresual rebosa de suculencias. Incipiente, es verdad, pero my pocas ciudades españolas cuentan con hoteles tan interesantes para ir de nómada global como el Molina Lario, el Barceló Málaga o el Room Mate Lola. El primero ha entendido lo que significa estar abierto a la ciudad, dar uso y disfrute a la quinta fachada, con vistas soberbias sobre la manquita. El segundo es una provocación para el sentido de la vista, un flechazo lúdico y rutilante, donde la clientela adulta se aniña a mayor honra. Una noche allí te hace regresar a la infancia, como nos llevó el perrito de Mariscal durante las Olimpiadas de Barcelona.

Luego sucedió lo inevitable. El golferío inmobiliario y su respuesta –la famosa Operación Malaya– han acabado definitivamente con Marbella. De pequeño, yo no tenía una granja en África, pero sí una casita en el Puerto Banús, cuando todavía era Andalucía la Nueva. Desde entonces jamás he visto la Costa del Sol menos soleada de turismo y con tanta plañidera de hotel como este mes de julio. Apenas un 15% ha sido la ocupación en algunos hoteles, quizá debido al vacío producido por el cierre del lujoso hotel Villa Padierna Thermas de Carratraca, que había abierto recientemente, así como el bajonazo sufrido por el turismo de interior en toda la provincia. Qué decir de los precios, de capa caída allí durante los últimos meses. En Notodohoteles.com veníamos acusando el nerviosismo de algunos clásicos, como el Marbella Club, por reforzar a tontas y a locas su departamento de Márketing y Comunicación. Será por la falta de paparazzis con la que distraerse este verano…

Almería no mejora esta visión, aunque las playas se vean atiborradas los domingos y fiestas de guardar… la ropa. Aguadulce, como siempre, nos deja un sabor amargo. El derecho democrático al veraneo no impide que se me aparezcan en la retina imágenes prensadas entre la España cañí de la fotógrafa Cristina García Rodero y el almario doliente de Auschwitz.

Me cité en Los Gallardos con nuestro amigo forista Esteban Cazorla y su esposa, Ani, quienes me acompañaron en la visita de su proyecto de hotel Embrujo. En fotos, la arquitectura prometía. In situ vimos que un buen proyecto arquitectónico se inicia en la correcta interpretación de los espacios, y Embrujo adolece de ciertos desajustes espaciales que espero sean corregidos por el matrimonio propietario en cuanto le sea posible y lo permita la absurda normativa urbanística andaluza. Sí, esa legislación aberrante que ha consentido la edificación de un bodrio hotelero en la playa del Algarrobico, en el parque natural del cabo de Gata. Esperemos que al sucesor de Chaves en la Junta de Andalucía le ilumine la Macarena en promulgar una ley menos igualitaria, que el ars mutandi no está reñido con la arquitectura popular, ni el estro creativo con la justicia social.

En la Costa Blanca, más de lo mismo. Crisis, crisis, crisis… Los hoteles vacíos, salvo ejemplos muy dignos de quienes luchan hasta la última hora de la madrugada por captar clientes de donde no hay, como es el caso de nuestra forista Elia Abert en Altea. La Serena madura con los años, como su propietaria o como los syrah de Enrique Mendoza. Me marché de allí en pleno arranque de soleares, antes de un concierto de guitarra que se planea repetir a lo largo del verano. Qué artístico consuelo para los paquebotes hoteleros Altea Hills y Villa Gadea, estos días prácticamente vacíos.

Solitario también, por ser nuevo y de interior, el hotelito que Juanjo Gimeno ha dedicado a su mujer, el Capricho de la Portuguesa. Está en Beniali, un poco a trasmano de todo, lo cual constituye un aliciente en la superpoblada provincia de Alicante. Incluiremos inmediatamente tal descubrimiento en todas nuestras guías y publicaciones. Lo merece, y mucho. Una mañana de baños termales, para mí solito, me alumbró un concepto hotelero que experimentaremos pronto en el seno del clúster de innovación a punto de constituirse. Ojalá tenga cabida la idea en el panorama hotelero español, como tendrá cabida a futuro la propuesta del SHA Wellness Clinic, en los altos del Abir. Me entretuve un rato con sus dueños, la familia Bataller, a quienes he recomendado un cambio de timón en la definición del producto, encastrado en el mundo clínico, para abrazar a una clientela más inclinada hacia el turismo de salud, que busca terapias sin abandonar la perspectiva sensorial del turismo.

De la costa al interior en pos del hotel de los sentidos. Con la mirada en Les Cols y superada la impresión inicial del Aire de Bardenas, nace en el Maestrazgo turolense el destino hotelero más excitante de los últimos tiempos. Consolación, que así se denomina, aparece –o, mejor, desaparece– en una paisaje de cárcavas y bosques como un núcleo de cajas orientadas al verde y casi voladas sobre el abismo, sin la más mínima decoración interior. Las camas miran al paisaje desde el suelo, encastradas entre colchonetas oscuras. Un hoyo en el suelo denota la existencia de una bañera. En los cuartos de baño reina una oscuridad vidriosa, salvo el tafilete que dibujan los muros: visón en cinemascope del bosque a su alrededor. Y en su retaguardia aparece –ésta sí– la vieja ermita de la Consolación, debidamente remozada, donde el hotel ofrece sus espacios comunes. Me pasé el día entero en la cocina, bien entretenido en pláticas con sus responsables, la milanesa Alexia y el barcelonés Santi, hermano de uno de los propietarios. ¿Y qué hacía yo en la cocina aparte de eso? Pues reflexionar sobre el no-lugar… Es el único hotel de España, junto a Les Cols, que te recibe y te sacude el polvo del camino en una no-recepción.

Para qué contar más. Me voy, que si no voy a perder el avión.

Fernando Gallardo (@fgallardo)

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