Airbnb no es una empresa de transportes

transportesRecuerda el experto en tecnología del New York Times Jim Kersetter que tras la hazaña de Charles Lindbergh en su vuelo en solitario a través del Atlántico, en 1927, las acciones de la compañía ferroviaria Seaboard Air Lines Railroad se disparó en Bolsa porque muchos inversores creyeron que el próximo objetivo sería su transformación en una aerolínea. En realidad, el nombre era una simple alegoría a la velocidad de sus locomotoras. Nada que ver con el naciente transporte aéreo. Pero sirvió para que el caso se estudiara luego en las escuelas de negocios como un desideratum tecnológico para cualquier empresa con vocación de estar a la última. Innovación y vanguardia, aunque la tecnología tenga un relieve marginal en el negocio.

Kersetter ironiza sobre la fiebre actual de las start-ups tecnológicas que ni en sus mayores iconos, como Airbnb o Uber, manejan la capacidad, profundidad, cantidad de inversión o desarrollo punta de algunos grandes fabricantes tradicionales como General Electrics o Siemens, que desde hace un tiempo basan su estrategia de gestión en el llamado Internet de las Cosas. Si estas marcas utilizan tecnologías a gran escala, ¿por qué empeñarnos en llamar a las start-ups empresas tecnológicas y a las tradicionales fabricantes de electrodomésticos?, se pregunta el tecnólogo neoyorquino. Sigue leyendo

Adiós al canal directo

adiosVi los ojos atónitos de todos. Pese a que el auditorio estaba en penumbra y el foco azul del fondo me deslumbraba, advertí en sus rostros la perplejidad causada por mi exhortación: «¡olvídense del canal directo!». Seguramente nadie comulgaba entonces con el pronóstico que me atreví a plantear a lo largo de la ronda de seminarios sobre innovación turística en los años 2013 y 2014: Amazon entraría en el negocio de las reservas hoteleras y el modelo predictivo Big Data centraría la estrategia de los nuevos intermediarios tecnológicos que dominarían el futuro del turismo.

«Prepárense para unas comisiones más altas a largo plazo, bajo el señuelo de un ahorro a corto plazo, porque el conocimiento del cliente a través de su monitorización social será la única posibilidad de vender una habitación de hotel», sentenciaba en todos los Sigue leyendo

28 comensales no se presentan en la mesa

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A principios de 2014 , bajo el título de Listas negras para clientes conflictivos, sugerimos en este Foro la necesidad de un TripAdvisor de usuarios en un mundo sin lugares para la privacidad. Explicamos que el mundo digital está relativizando el derecho a la intimidad con una nueva ley no escrita de la transparencia. Y que todos, empresarios, trabajadores y usuarios seríamos auscultados por todos en nuestros pensamientos, nuestras conductas y nuestras obras. Sí, algo así como un Gran Hermano orwelliano, pero a la vista de todos y con el control de todos. Porque en un escenario transparente cualquier movimiento de control personal es detectado inmediatamente por otros controladores. Y éstos, a su vez, por otros.

Naturalmente, esta democracia colaborativa echa por tierra todos los esfuerzos que los Estados nacionales han venido atribuyéndose en la protección del ciudadano, como si los Estados fueran ungidos por éste del monopolio garantista sobre las reglas de juego democrático. A lo largo de los últimos siglos, a través de la división de poderes formulada por Montesquieu y los críticos ilustrados de la Revolución Francesa, este sistema ha dado respuesta a las injustas prácticas feudales que concentraban en el dominus la administración de estos poderes omnímodos. La democracia, así constituida, permanece Sigue leyendo

Adiós al mostrador de recepción

recepcionLlegué muy tarde por la noche. Desde el exterior, el hotel parecía cerrado, inhóspito. Las luces, apagadas. El sereno, acostado sobre un sofá. Abiertas las puertas correderas de cristal, atisbé al fondo la figura monolítica de una persona uniformada tras una expendeduría de formica oscura. No alzó la mirada. Apenas gesticuló en la comodidad de su apoyadero habitual. Si acaso barruntó un saludo formal al aproximarme a él, con las maletas a cuestas. Sus ojos permanecían escondidos detrás de unas lentes gruesas, al abrigo de la penumbra. Su respiración, aún más gruesa que sus gafas, delataba nocturnidad. Cumplió meritoriamente con su tarea desde el primer momento, cuando me pidió el pasaporte, las tres firmas de rigor y una tarjeta de crédito… «como garantía de que no se irá sin pagar», añadió con la cortesía que le venía aprendida de la escuela de hostelería. Era el recepcionista.

Sucedió la semana pasada. Pero bien podría haber sucedido cualquier noche del mes pasado, del año pasado, del fin del milenio. O en cualquier otro momento de mi niñez en que la amabilidad oficial se cumplimentaba con un «Dios guarde a Vd. muchos años» (sin Sigue leyendo

Diferenciación o igualamiento, el turismo según la tesis de Piketty

La tesis de Thomas Piketty acerca de la desigualdad en las rentas de las sociedades avanzadasLa globalización y el desarrollo tecnológico están transformando aceleradamente el mundo que conocemos. En múltiples foros se analizan y debaten los profundos cambios económicos que se suceden sin tiempo apenas para digerirlos. Mientras el factor trabajo cede cada día más espacio a la mecanización de los procesos y a la robotización de la industria, los poderes establecidos, incluido el financiero, asisten impávidos al nacimiento de una nueva economía colaborativa y una cultura de la gratuidad inesperada por nuestra incipiente sociedad digital.

En esta revolución silenciosa aparecen voces autorizadas que someten a revisión la estructura capitalista heredada del fin del milenio. Algunas tan jóvenes y audaces como la del economista francés Thomas Piketty, cuyos trabajos estadísticos y predictivos gozan de un gran seguimiento estos días en las principales Universidades norteamericanas. Tanto como el éxito repentino de su último libro, Capital in the Twenty-First Century (el Sigue leyendo

Pagarás el hotel con tu móvil

Es mi rutina diaria en Nueva York. Si no alcanzo a tomar el metro, llamo a un taxi de los miles que circulan arriba y abajo por las avenidas. Apenas me subo, desembolso el iPhone y tapeo la app Way2Ride a la que están suscritos la mayoría de los taxistas. Otros usan cada vez más la controvertida Uber. Nada más abrirse la aplicación, aparecen dos botones: I Need A Taxi, que me serviría para avisar a alguno en caso de vivir en el extrarradio, y I’m In The Taxi, con el que voy a señalar que ya estoy montado en él. Y nada más. Al llegar a mi destino, como sugiere el anuncio de televisión ad hoc, abro la puerta y saludo al taxista que me ha transportado hasta ahí con un complaciente bye bye.

En Nueva York va siendo habitual no pagar los taxis. Ni alguna que otra bagatela de las que se venden en los almacenes Macy’s. Pronto tampoco habrá que abonar los viajes en Sigue leyendo