Pagarás el hotel con tu móvil

Es mi rutina diaria en Nueva York. Si no alcanzo a tomar el metro, llamo a un taxi de los miles que circulan arriba y abajo por las avenidas. Apenas me subo, desembolso el iPhone y tapeo la app Way2Ride a la que están suscritos la mayoría de los taxistas. Otros usan cada vez más la controvertida Uber. Nada más abrirse la aplicación, aparecen dos botones: I Need A Taxi, que me serviría para avisar a alguno en caso de vivir en el extrarradio, y I’m In The Taxi, con el que voy a señalar que ya estoy montado en él. Y nada más. Al llegar a mi destino, como sugiere el anuncio de televisión ad hoc, abro la puerta y saludo al taxista que me ha transportado hasta ahí con un complaciente bye bye.

En Nueva York va siendo habitual no pagar los taxis. Ni alguna que otra bagatela de las que se venden en los almacenes Macy’s. Pronto tampoco habrá que abonar los viajes en metro. Ni el lunch en el restaurante de la esquina. Quiero decir, no se paga en metálico, ni con tarjeta de crédito. Las distintas aplicaciones se conectan con el sistema del taxi, de la caja en los grandes almacenes y del restaurante con la consiguiente simplificación del proceso de pago, que obviamente es automático y va girado a la cuenta corriente del banco o conectado a la tarjeta de crédito. Más fácil, imposible.

Desde hace varios años se especula con la irrupción de la tecnología NFC (Near Field Communications) en los móviles, que nunca acaba de expandirse a todos los modelos y sistemas operativos. Desde luego, mi iPhone no lo tiene. Y puede que a este paso no lo incorpore jamás. Apple anunció a mediados de 2013 su nueva tecnología iBeacon integrada ya en sus sistemas operativos IOS 7 y OSX Mavericks. Como señala su propio nombre, iBeacon es una baliza que transmite mediante el nuevo Bluetooth de bajo consumo (BLE) la posición del móvil cercano al centro detector del sistema. Alguien me dirá que esto no deja de ser un GPS y que para esa función no se necesitaba una proclama como ésta.

Pero estudiémosla un poco más a fondo y elucubremos acerca de su utilidad en la industria turística. Imaginemos que una tienda, un restaurante o un hotel detecta la presencia de mi móvil en el entorno y, según voy caminando, me pasa la lista de la compra, los abastos que faltan en mi nevera, la actualización de tal o cual aparato o aplicación, las ofertas que me irían como anillo al dedo hoy mismo… En fin, que U2 va a dar un concierto dentro de una hora a dos calles de aquí. O que mi dilecto Antonio Muñoz Molina está firmando libros en el edificio de enfrente (que, como muchos inmuebles de Manhattan pertenecen a la NYU, la Universidad de Nueva York). Por supuesto, todo acompañado de cupones de descuentos, propuestas de fidelización y alguna que otra gratuidad.

A diferencia de la tecnología NFC, el iBeacon no requiere estar casi pegado al receptor. El seguimiento real en el móvil se resuelve mediante triangulación según estos patrones: iBeacon #3491035 se capta a 5 metros de distancia, iBeacon #3452435 a 20 metros y iBeacon #9045902 a 50 metros. Además de Apple IOS 7, cualquier móvil Android con Bluetooth y Android 4.3 o superior puede recoger las mismas señales.

Muchos tenemos la impresión de que el sistema financiero mundial no sobrevivirá a su última crisis. O, al menos, el sistema tal y como lo hemos conocido. Los bancos están de capa caída, por lo que no sería extraño que acabasen siendo sustituidos por otro tipo de entidades más escalables, globalizadas, flexibles y comunitarias. No solo pienso en la potencialidad del crowdfunding, sino en la virtualidad de Google, Amazon o Apple. ¿Qué sucedería si algún día Larry Page fulminara a Botín? Las monedas nacionales no sobrevivirán seguramente a este siglo, aunque los bitcoins no lleguen a ser nunca la alternativa digital, global y transfronteriza a los dólares. La humanidad deberá plantearse para qué sirve la moneda cuando el circulante adopta cada vez más la forma del apunte contable electrónico.

Antes que todo eso quedará obsoleto el plástico. Y aquí es donde quería yo llegar con el panegírico del iBeacon, la baliza digital que podría transformarse a no tardar en el sistema de pago más popular por su simplicidad, alcance e interconexión virtual entre el comprador y el vendedor. Cierto es que Google Wallet funciona desde hace un par de años en Estados Unidos, pero no termina de arrancar y son pocas las tiendas que han implementado el terminal sensible. Las veces que lo he probado −en Macy’s, por supuesto− no ha colmado mis expectativas, dado que el pago se efectúa con el respaldo de una tarjeta de crédito. ¿Dónde radica entonces el beneficio?

Lo interesante de iBeacon es su facilidad de uso, un sesgo intuitivo característico de todos los productos Apple. «El pago móvil ha estado siempre detrás de la idea ID Touch», declaró hace unos días el director financiero de la compañía de la manzana, Peter Oppenheimer. Y el responsable del iTunes y la App Store de Apple, Eddy Cue, viene de subrayar también en el Wall Street Journal que la compañía está comprometida en lanzar muy pronto una opción de pago móvil a través de dispositivos iOS. Como para no creérselo… Parte del trabajo ya está hecho. A diferencia de Google, que no tiene demasiados suscritos a su Wallet, Apple posee más de 575 millones de cuentas iTunes vinculados a tarjetas de crédito, lo que ahorra la molestia de darse de alta en una nueva cuenta y aprender a utilizar la pasarela. Apple también posee cientos de millones de iPhones y iPads en todo el mundo preparados para activar en un solo tap su aplicación de pago móvil.

iBeacon se está utilizando hoy en modo de prueba en todas las tiendas Apple de Estados Unidos para enviar información sobre sus productos a un dispositivo iOS cuando el visitante pasa delante de ciertos productos. Los prolegómenos de la Superbowl en Nueva York fueron el terreno abonado, con la visita de cientos de miles de turistas a la ciudad, para probar el nuevo sistema. Y, que se sepa, ha funcionado. Fácilmente. Sin la incrustación del chip especial que demanda la esperada tecnología NFC.

Forrester Research pronostica que los consumidores estadounidenses gastarán 90 mil millones de dólares a través de pagos móviles en 2017. Suponemos que la gran mayoría de estos pagos se realizarán mediante el sensor ID Touch incorporado de serie en todos los iPhone 5S. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Porque yo me imagino en este hotel del año 2020 que proyectamos un ecosistema de pago móvil a toque de sensor, activo de principio a fin de la estancia, antes incluso de la reserva y después de haber concluido la experiencia, cuando el recuerdo entra en su positiva fase REM. Acompáñame en este viaje por las emociones que nos produce un hotel, como lo anticipamos en los distintos seminarios #Hotel2020 que celebramos por lo largo y ancho de la geografía española y en algunas ciudades de América Latina. ¿Te tomas una copa? El importe se graba automáticamente en tu cuenta, que puedes monitorizar en la app iBeacon. ¿Un circuito spa fuera de programa? Tómatelo, que hallarás su reflejo inmediatamente en tu cuenta iBeacon. ¿Una película bajo demanda en tu habitación? Mientras la ves por streaming, tu cuenta de iTunes se descarga otra película por gentileza de la casa.

Con esta suerte de micropagos puede que desaparezca la factura de tu estancia como hoy la conocemos. Puede también que los hoteles elimine su tarifario rack. Puede incluso que se imponga el modelo de tarificación low cost, mediante el cual cada consumo se cobrará aparte con asentimiento de tu huella dactilar en el iPhone. Sí, la wifi aparte, los cosméticos aparte, la televisión aparte, el aire acondicionado, por horas de consumo, como la luz y el agua caliente.

Porque, en el futuro, la única manera de emitir una factura única con todo incluido será empaquetando una experiencia. Como en el cine, en el teatro o en la ópera no pagas por sentarte, en el hotel del futuro no pagarás por acostarte. El tique te da derecho a ver una función. Se abre el telón del hotel… ¿Qué sientes? Una emoción inédita.

Fernando Gallardo |

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